Para espantar el miedo

depoesiaIberoamericana

 

Por Jorge de Arco

 

Por vez primera, se reúne en un solo volumen toda la poesía de Piedad Bonnett (Amalfi, Antioquía, 1965). Esta dramaturga, ensayista y novelista colombiana ejerce la docencia en la Universidad de los Andes y, desde hace tres décadas, vive con devoción su entregada actividad al campo de las letras.

 

 

Su obra lírica se inició en 1989 con “De circulo y ceniza”. A éste, le seguirían, “Nadie en casa” (1994), “El hilo de los días” (1995), “Ese animal triste” (1996), “Todos los amantes son guerreros” (1998), “Lección de anatomía” (2006), “Las herencias” (2008) y el más reciente de sus poemarios -ganador del Premio “Casa de América” 2011- “Explicaciones no pedidas.

 

 

El decir de la poetisa colombiana se articula desde la certidumbre de una cotidianeidad que libera su interior, desde la verdad de un cántico que resucita los instantes alados e  inventaría los paisajes, los nombres y los presagios de una vida de penumbras y soles, de ausencias y presencias:

 

pilarbonet

 

“Frente a la enorme puerta te detenías.

La noche te apretaba los riñones

y un agua clara y tibia corría hacia tus pies.

Había luz en las rendijas, voces

apagadas, secretas: torpes ruidos

que no debías oír. Quizá ese pedregoso

suspirar fuera llanto. Quédate allí en cuclillas,

silenciosa. No tiembles.

Pronto pasarás esa puerta. Para siempre”.

 

 

En una reciente entrevista, afirmaba Piedad Bonnett: “Creo que en general los procesos de creación necesitan tiempo, lentitud (…) Depende también de cómo emerge de uno, porque la poesía es muy mágica, muy subconsciente, la poesía asocia cosas más allá del dominio que uno tiene”.

Y, en verdad, que esa diversidad de “asociación” a la que se refiere, se manifiesta de manera evidente en este volumen. Sus versos se orientan hacia la visibilidad profunda de la palabra, hacia el conjurado cromatismo de una lírica que resplandece como un sugestivo don:

 

 

“Hoy que han tapiado todas mis ventanas,

el tragaluz, las fieras celosías,

que han cosido mis ojos con esparto

y han sellado este cuarto donde ardieron hogueras

(y donde tejió el sueño sus fantasías)

debajo de mis párpados alumbra un par de soles

y un cielo de memoria

arde eterno en mis noches y mis días”.
Piedad Bonnett va reescribiendo a lo largo de sus libros su dicha y su zozobra, su música y su lluvia, su silencio y su sortilegio, y lo  dejo impreso en estas páginas para que el lector se apropie de todo ello, de toda su realidad, de todos sus sueños.

Su lenguaje nace de un acordado compás y con personal pericia sabe cómo fusionar la cadencia y la emotividad de su verbo para extender su mensaje más allá de la sed que nace de su lírica fábula existencial:

 

 

“No sabes lo que llevas

en tu valija. Cuando la abras

volarán golondrinas

y murciélagos a los que harás cantar

para espantar el miedo”.

 

 

Al cabo, un volumen abarcador y luminoso, que aúna la obra de una autora que tiene la destreza de relatar sus experiencias y hacerlas trascender hasta universalizarlas. Y convertirlas en cómplice identidad, en solidario hechizo para el lector.

 

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