Pablo Anadón: La niebla de los años

 

Por Jorge de Arco

 

El Vasar Poético

 

Crítico, traductor, editor y poeta, Pablo Anadón (1963), ha publicado hasta la fecha siete poemarios. Ahora, ve la luz un nuevo volumen de versos bajo el título de “Hotel Hispania. Poesía 2009 – 2014” (Pre-Textos. Valencia, 2017).

 

En estos seis años, el vate argentino ha ido puliendo su decir y desde una óptica de emotiva contemplación ha articulado un cuadro íntimo y sugeridor. Sus textos vienen envueltos bajo el manto de un acontecer confesional, que lleva al lector hasta una atmósfera de complicidad. El pasado ya es imborrable en la memoria del yo, pero a su vez responde a la actual existencia. El tiempo no se alza como antagonista de cuánto resta por venir, sino que se presenta como aprendizaje para afrontar las dichas y las sombras del vivir:

 

La noche en vela, se consume

Silenciosa en el lento

Goteo de las horas.

 

Hay quien, en la penumbra,

Busca un cuerpo o una copa

Para saciar una insondable sed.

 

Y hay quien, al resplandor

Difuso de una lámpara,

Acodado en la mesa,

 

Espera una palabra,

La palabra precisa

Que le dé, finalmente, la ilusión

 

De una vida cumplida.

 

Pablo Anadón establece un diálogo liberador con el cual pretende ahuyentar una soledad creciente y, en ocasiones, involuntaria. Su temor nace del tránsito de la edad, de la batalla signada por el humo fugitivo de los días, que acaba hiriendo, inevitablemente, su existencia.

La esposa y los hijos ocupan un lugar prominente en el segundo apartado del libro y en él se encuentran poemas de altísima temperatura lírica, plenos de emotividad. Así sucede con “Escuchando música con Mariana”, un bellísimo himno paterno-filial:

 

Y pensar que en un tiempo

(Mítico para vos y para mí

Tan próximo y no obstante tan borroso

En la memoria, una fotografía

De un instante feliz, fuera de foco)

Cabías toda entera entre mis brazos

 

(…)

 

Y del pasado vuelo hacia el futuro.

Allí te veo, sola, ya sin mí.

Oyendo nuevamente estas canciones,

Y me pregunto si estará el recuerdo,

Entonces de este instante con tu padre.

 

Aunque sea brumoso como una mala foto,

Si a pesar de la niebla de los años,

La muerte y la distancia,

Este abrazo de hoy podrá ampararte.

 

 

El poeta cordobés se alimenta de la palabra y de esa misma palabra nace todo aquello que lo rehabilita y lo convierte en perdurable. Lo fijo, lo que sabe presente y presencia se torna, pues,  privilegio. Desde su interior, se hace aún más consciente de que cuanto hay en derredor es imprescindible para que el alma siga reconociéndose en su esencia vívida.

 

 Un libro, a fin de cuentas, que diagrama de forma cálida y emocionante las huellas de un inventario personal. Y también común:

 

Pero miro el paisaje

Que, incluso en este día

Gris y lluvioso, muestra una infinita

Gama de azules, verdes y ocres,

 

Y lo comparo con el de mis versos

Que se diría todo escrito en sepia:

Así también los días y los años

Hoy me parecen una música

 

Que amamos en un tiempo,

Y nos hizo tan larga compañía,

Y cuya melodía

Apenas si podemos recordar.

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