ÓSCAR HAHN, hacia el tiempo infinito

depoesiaIberoamericana

 

Por Jorge de Arco

 

“La poesía hace cambiar/ la trayectoria/ del amor y de la muerte”, escribe Óscar Hahn en su último libro “Los espejos comunicantes” (Visor. Madrid, 2015), volumen con el que ha obtenido el XXVII Premio Loewe. El escritor chileno (1938), suma un nuevo reconocimiento a su dilatada trayectoria poética, tras haber recibido también el premio Casa de América, el Pablo Neruda y el Nacional de Literatura de su país.

 

El volumen presenta una estructura unitaria, en el que los cuarenta y siete poemas que lo integran se articulan a través de una temática común: la denuncia de todos aquellos aspectos turbios que el ser humano consiente y a los que no se enfrenta con suficiente integridad: “Rodeado de contrarios vive el hombre/ Conceptos enemigos que son uno”.

 

Y, precisamente, en ese “juego de contrarios”, cabe el atentado a las Torres Gemelas, las cien mil muertes en la Guerra de Irak, las armas sofisticadas, los insaciables sanguinarios, los asesinatos en colegios y universidades, los peligros de la energía nuclear…  Todo ello, además, envuelto en un halo de asfixiante melancolía que remite a un espacio y a un pretérito -¿un futuro?- más dichosos. Ahora, “el tiempo es una jaula/ no vislumbramos nada de lo que hay/ más allá de su barrotes/ amalgama de días meses años (…) Entonces se abre la cerradura/ y libres ya del tiempo mensurable/ salimos de la jaula/ y volamos con las alas abiertas/ hacia el tiempo infinito”.

oscarhahn

Sabedor de que a través de la cultura, del milagro del lenguaje, de la complicidad de las palabras, el hombre puede sanar muchas de sus heridas, Óscar Hahn insta con su verbo a expresar un sentimiento sin trampas ni oropeles. La felicidad de “los siete mil millones de cerebros/ que pueblan el planeta”, debería sostenerse sobre una sociedad instruida y culta, capaz de ser libre, independiente, y en plena armonía con la Naturaleza.

 

La tensión emotiva que guardan estos versos nacen, a su vez, de la capacidad que tiene el poeta chileno de insertar en su discurso una veta clasicista: elementos tan universales como la búsqueda de un sentido a la humana singladura, la inquietante certidumbre amatoria “(un amor/ que desvía el curso de los ríos/ el discurrir de la savia en los árboles/ el fluir de la sangre en las venas”), o la condición mortal que  limita y delimita al hombre (“Anoche/ vi que alguien del otro lado/ del espejo habia escrito/ ´El día llegará´”), se hacen también protagonistas de su decir.

 

Hay, en el conjunto de estos versos, una constante pugna por equilibrar los instantes de sentida memoria (“A veces/ tienes nostalgia de un lugar/en el que nunca estuviste”) con los momentos que retratan una ingrata realidad (“Porque el mundo está mal hecho/ y el tiempo es una falla de la eternidad/ la imperfección es nuestro sino”). De ahí, que el yo lírico refleje un inevitable desgaste vital, un sostenido duelo frente a la verdad del mundo.

 

En suma, un libro intenso y actual, que deja la huella de un autor de verso vívido y  muy personal: “Los poemas son destellos/ en un espejo roto”.

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