Mariá Manent. Antología Poética. Ed. Fundación Ortega Muñoz

depoesiaIberoamericana

 

Por Jorge de Arco

 

Siempre he sentido gran respeto y admiración por la figura y la obra de Marià Manent. Eso sí, reconozco haber estado más cerca de su labor traductora que de su propia poesía, sin duda porque ésta, con ser breve (sólo cuatro poemarios) y estar escrita en catalán, ha llegado a mis manos dispersa y en cortas muestras. Su libro “Románticos y Victorianos”, editado por Lauro en 1945, es uno de los que más certeramente me han abierto los ojos a la poesía inglesa, y en numerosas ocasiones, por una u otra razón, ha ganado sitio en mi mesa de trabajo.

Por ello, cuando ahora la Fundación Ortega Muñoz, del Gobierno de Extremadura, da a la luz esta “Antología Poética” del escritor barcelonés (1898 – 1988), mi interés es sincero. El profesor extremeño José Muñoz Millanes, quien desde hace muchos años ejerce su docencia en la Universidad de Nueva York, ha preparado y traducido este volumen bilingüe, en el que se recogen veinticinco poemas de Manent, pertenecientes a sus libros “La collita en la boira” (1920), “L´ombra i altres poemes” (1931), “La ciutat del temps” (1961) y “”El cant amagadís”, este último no concluso. El antólogo elude, pues, ”La branca” (1918), primer libro del poeta veinteañero, que él mismo miró siempre con cierto recelo, dudoso de su temprano alumbramiento.

¿Pudiera calificarse la obra total de Manent con el título del poemario postrero? ¿Fue el suyo un “cant amagadís”, un canto escondido? Que entre su tercera y su cuarta entrega transcurrieran treinta años, puede entenderse como pudor o rigor, o simplemente como un proceso creativo lento y espaciado; porque también entre “La ciutat i altres poemes” y el poemario que interrumpió su muerte, mediaron veintisiete años. (“La discreción fue su principal virtud”, afirma el prologuista).Maria Manet

Conservo un artículo aparecido en “La Vanguardia” (1.12.1998), en el que Joan María Pujals celebraba el primer centenario del nacimiento del barcelonés, bajo el título de “Marià Manent, poeta esencial”. Y Muñoz Millanes no vacila a la hora de afirmar que “basta leer a Manent para darse cuenta de que no es en absoluto un poeta secundario o menor”. Su poesía es la de un observador de la naturaleza, que mira el pájaro, la nieve o la flor con ojos perspicaces, pero amorosos. Esa rama que nomina su libro inicial, puede balancearse al viento duro de febrero, aterida y tremante, o poblarse de alas y trinos en el abril cálido. Escribe v.g.: “Las acacias silvestres están junto al camino,/ esbeltas, con la veste muy tenue y florida./ El crepúsculo de mayo exhala un aire fino/ y al caer, lenta, la flor, el aroma esparcía”. Muñoz Millanes traduce más cuidadoso de la palabra justa que del ritmo versal. (Hablé muchas veces de esto con el recordado maestro García Yebra, quien  consideraba válidas las dos maneras de hacer, aunque acababa inclinándose por la primera).

Cuando Manent teorizaba sobre temas literarios y, concretamente, sobre la poesía, era tan preciso como lúcido. He aquí, y concluyo, una frase suya: “La poesía nace esencialmente, de un impulso metafórico, de la complacencia misteriosa del que siente la relación profunda de los seres y sabe que hay una afinidad secreta entre realidades lejanas, incluso entre los seres y las cosas más discordantes”

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *