Las sátiras de Arturo Dávila

depoesiaIberoamericana

 

Por Jorge de Arco

 

Bajo el título de “Sátiras” (Hiperión. Madrid, 2018), se reúnen tres poemarios de Arturo Dávila, “Catulinarias” (1998), “Poemas para ser leídos en el metro” (2003) y “La cuerda floja” (2016),  los cuales obtuvieron los premios Antonio Machado, Juan Ramón Jiménez y Nicolás Guillén, respectivamente.

Nacido en Ciudad de  México, Dávila lleva años alternando la docencia –es director del Departamento de Lenguas Modernas en Laney College, Oakland, donde enseña español para estudiantes bilingües– con su labor literaria y, es ésta, un excelente oportunidad para acercarse al universo de su quehacer.

 

En la nota que el propio autor firma a modo de epílogo, reconoce que esta trilogía “contiene múltiples ecos, referencias, homenajes” y añade algunos nombres que han ido signando su decir: Quevedo, Ezra Pound, T. S. Eliot, Ernesto Cardenal y Nicanor Parra. Escritores, al cabo, que le han servido para hallar una voz personal con la cual “burlarse seriamente de lo contemporáneos sin referirme específicamente a ninguno de ellos”.

Portada Sátiras Arturo Dávila
Portada Sátiras Arturo Dávila

 

Con un verso ágil y narrativo, el poeta mexicano va conformando un singular imaginario donde la ironía, el amor y la desdicha conjugan con una verdad trascendente: la necesidad de vivir restándole importancia a nuestra condición mortal. Mantener una actitud escéptica, si complaciente, derivará en una manera de afrontar la cotidianeidad con una dosis mayor de vitalismo:

¡Qué felices son los gordos! 

Cuando bajo la mirada

de un sol rubicundo

se deleitan comiendo una hamburguesa

o despachando una docena de tacos,

¡qué alegría!, ¡qué hermosura!

 

Botero lo ha dejado constatado

.
Sancho Panza les da su bendición

desde el umbral de los siglos. 

El mismo Buda sonríe ante sus excesos.

 

Este retablo poético incluye muy distintos protagonistas. En muchos casos, la pluma de Alberto Dávila es osada y punzante, en otras, burlesca y divertida, y en su mayor parte ingeniosa y, por ende, satírica. Confiesa el propio Dávila que esa forma suya –tan lacerante– de hacer versos, le ha credo distintos enemigos que han querido ver su cabeza rodar. “Afortunadamente –dice– la he podido levantar, herida y maltrecha”. Y lúcida se mantiene para hilvanar textos como éste:

 

 

Dices que tu libro es bueno,

Porcillo,

que vas a sorprender a la crítica,

que “derramará más tinta que un pulpo”,

y que te espera la fama.

 

Tienes razón

muchos lectores ya te lo agradecen,

pues no han vuelto a comprar papel higiénico: 

porque tu novela es mala

con m de mierda.

 

     El conjunto que integra la compilación se presenta, en suma,  como testigo de un modo de hacer distinto, tentador, en donde la parodia y la broma juegan un papel destacado, pero sin perder nunca de vista el componente de originalidad que comporta el ámbito de la sátira. Un arte tan complejo como delicado, y al que el poeta mejicano ha sabido sacar –en estas dos últimas décadas– muy buen partido:

 

 

La riqueza Bonifacio,

sólo lleva a la pobreza.

 

Antes no tenías nada

y eras bueno para todo;

ahora que tienes todo

eres bueno para nada

y sabe sacar muy buen provecho.

 

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