La Luz precisa de la Sombra

depoesiaIberoamericana

 

Por Jorge de Arco

 

“Materia del asombro”, la antología de Jesús Munárriz aparecida en Hiperión es, en su género, una obra singular y sugeridora. Publicada en Monterrey (México) en la primavera del pasado año, ha visto la luz en España (2º edición) meses atrás.

Se trata de un volumen abarcador (1970 – 2015) donde el firmante de la selección, Francisco Javier Irazoki, ha optado por agrupar los poemas en apartados temáticos: “Primeras señales”, “Visiones”, “Palabras cívicas”, “Siete nombres”, “Naturales” y “Últimos asombros”. En cifras, se reúnen aquí muestras de diecinueve obras y cuarenta y cinco años de creación.

En la nota previa, el propio Irazoki, escribe: “La cifra 75 sirve para contar el número de composiciones incluidas y la edad de Jesús Munárriz a la hora de editar esta antología”.

 

Quien esto escribe, ha sido fiel a la trayectoria de este oriundo de Navarra, nacido en San Sebastián en 1940 y afincado en Madrid desde la década de los 70, por demás sobresaliente editor, cuya colección “Poesía Hiperión” es objeto de referencia de la actual y pasada poesía nacional e internacional, a las que, además de con sus versos, ha enriquecido con su traducción de poetas de otras lenguas. Al hilo, precisamente, de tan noble labor, dedica Munárriz un sentido y sincero poema, “Monólogo del poeta editor”:

 

“A mí también recuérdenme

más por los que edité que por los que escribí,

aunque éstos los tracé con mis mejores artes

y a algunos les gustaron”.

 

En una reciente entrevista, el propio Munárriz afirmaba que “en la poesía cabe todo, si se sabe cómo portada-la-luzsdecirlo”. Y no cabe de duda de que esta compilación da muestras sobradas de cómo se dice la buena poesía y de cómo la variedad temática de sus textos deriva  en sonora virtud.

En sus páginas, el lector hallará muy distintos paisajes que el yo poético recrea y revive no sin cierta nostalgia. Así, Jena, Turingia o Weimar, se entremezclan con Madrid, Bogotá o un pedazo de la infancia en Navarra:

 

“Me veo hace ya cuarenta años

en el mercado viejo de Pamplona,

que entonces era el único,

la mañana del sábado

en vísperas de Nochebuena.

Voy de la mano de mamá, bien abrigado;

nieva al pasar por el Ayuntamiento”.

 

A su vez, diferentes protagonistas desfilan por la mente y la pluma del autor; unos, cercanos y amigos, como Chicho Sánchez Ferlosio, otros, siempre admirados y queridos: Hölderlin, Van Gogh, José Asunción Silva… A éste último, precisamente, dedica una bella y emotiva elegía, “Silva”: “…nos sigue sorprendiendo, fascinando,/ nos sigue conmoviendo,/ nos sigue provocando/ la belleza”.

 

Y junto a estos instantes e instantáneas citadas, surgen momentos que remiten a una lírica donde prima la enseñanza, la revelación, el conocimiento, el poder, el diálogo, el abandono, la dicha, el desconsuelo, el erotismo… Todo ello, mecido por una precisa música donde el ritmo versal acompasa la verdad de cuanto aquí se canta y cuenta: “La vida, la vida, la vida/ te está esperando; ve a buscarla,/ descúbrela, disfrútala,/ emprende el vuelo, abre tus alas”.

 

Ya dejo escrito la uruguaya Delmira Agustni que “la poesía es lo que queda después del asombro”. Jesús Munárriz lo sabe desde hace tiempo. De ahí, que esta sugestiva “Materia del asombro”, resulte un generoso ejemplo de compromiso y autenticidad tras décadas de entrega literaria: “Todo en mi obra es sugerencia,/ adivinanza, trampatojo;/ la luz precisa de la sombra,/ de encubrimiento el esplendor”.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *