La arena que olvidabas

depoesiaIberoamericana

 

Por Jorge de Arco

Con el aval de haber obtenido un accésit del premio “Adonáis” en su última convocatoria, ve la luz “El lujo de ponernos tristes”, de Nelo Curti. Este uruguayo nacido en 1981, reside desde hace casi dos décadas en Alicante y tiene publicados varios poemarios.

 

En este libro, el yo lírico pretende detener su mirada sobre la desnuda vorágine en la que el ser humano permanece sumido al hilo de su cotidiana costumbre y aprender a contemplar más allá de ese diario arrebato que hace al mundo girar sobre sus dichas y derrotas.

El conjunto viene signado por la audacia expresiva con la que Nelo Curti sabe manejar los tempos del poema y por la palabra renovadora y arriesgada que enfrenta su decir. Así, los versos se alinean de manera vertiginosa y sorpresiva:

“Creí que Bach erala arena que olvidabas

más importante

que el panadero

de mi esquina

hasta que tuve hambre”.

 

En estas páginas, el lector hallará instantes de ternura, de ironía, de crítica, de ingenio, de realidad, de ensoñación…, mas por encima de esta diversidad temática, se cierne un solidario manto amatorio que deriva en momentos de poderoso y luminoso lirismo:

 

“Hoy descubrí en tus piernas

donde la falda pierde su horizonte

un mar fugaz,

sin nombre

que choca tus rodillas

y salpica

acrobático, travieso

(…)

Ahora entiendo las gaviotas

que acechaban nuestra cama

los naufragios en la almohada

la arena que olvidabas al marcharte”.

 

Tocado por una sabia imaginería sensual, el volumen va poblándose de territorios, criaturas, estaciones, desmemorias, cenizas…, que se ocultan tras una suerte de metafórico mosaico. Hay, por otro lado, pasajes en los que se adivina un cántico que linda con tintes surrealistas y en los que lo onírico gana terreno a lo real:
“Yo tengo unos zapatos

y un juguete que perdí

el otoño saqueó mis arboledas,

necesito dormir,

irme, sin más,

tal vez allá en los sueños

no estén llorando mis paisajes”:

 

En la apuesta de asumir riesgos en su aventura creadora, Nelo Curti sale triunfador, pues sabe convertir en virtud los excesos que conlleva superar los límites de la frontera semántica y lingüística.

 

Un poemario, al cabo, que batalla por rescatar lo pretérito como forma de integrar cuanto se está viviendo y que se anuda grato y cómplice a las cuatro esquinas su indómita intención:

 

“Me voy

La noche es una bicicleta

que se va durmiendo

y aguarda en el espejo

el infantil gesto que siempre

acaba devorado por mi nombre

(…)

Quiero volverme poema

para que nadie me mire”.

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