El despertar de la segunda vida

Por Jorge de Arco

Se reúne en un solo volumen la poesía completa de Alejandro Palomas. Este barcelonés del 67 ha alternado la traducción (Katherine Mansfield, Oscar Wilde, Willa Cather) con la narrativa, género en el que ha obtenido el Premio Nacional de Novela Infantil y Juvenil 2016 por “Una madre, un hijo”, y el Premio Nadal 2018 por “Un perro y Un amor”. Hasta ahora, su lírica ha alcanzado una recepción menor por parte del público, si bien, este reciente volumen permitirá tener muy a mano el personal universo del vate catalán.

Portada del poemario » Quiero» de Alejandro Palomas

Quiero” (Fundación José Manuel Lara. Colección Vandalia. Sevilla, 2018) agrupa tres de los libros ya publicados: “Tanto tiempo” (2012), “Entre el ruido y la vida” (2013) y “Aunque no haya nadie” (2014). A ellos, se une “Quiero”, que da título a la compilación y sobre el cual el propio autor confiesa en su prefacio: “Este poemario es el reflejo de una evolución personal y también un cambio en el planteamiento de mi mirada sobre la escritura (…) `Quiero´ es un pequeño viaje por el despertar de la segunda vida de un hombre que no tuvo infancia entera y al que ahora, cumplidos los cincuenta, el tiempo le ha dado un respiro”.

A lo largo de estas páginas puede hallarse el sentir de un autor que sabe aunar la reflexión y la emotividad, la gramática del ayer y la semántica del mañana y que, a su vez, reconoce en su verso un latir que esconde sus propias inquietudes. Aquella mirada que fuera inocencia, fidelidad, parece tornarse reivindicativo compromiso, convencido anhelo de cuanto acontece en derredor de sus deshoras:

Ahora, pasados los años,
sueño con tener
un perro bueno que no
me culpe por ser.

(…)

Ahora soy un hombre
-o eso dicen-
y quiero un perro
que no muera.
Un perro verde que
mire solo para ver y
me espere en la otra orilla
cuando me toque cruzar.

Desde ese niño en que el sujeto lírico quiere transmutarse, pueden oírse también los ecos, las deudas y los nombres que otrora fuesen protagonistas de su pasado. Porque en la sencillez de sus interrogantes, en la vulnerabilidad de sus silencios, encuentra Alejandro Palomas el mejor aliento para derramar un decir agudo y penetrante. Además, en el discurrir de este íntimo cántico, cabe también el misterio de la nostalgia, la huella de lo sentimental, la materia candente de un paraíso que aún se puede rescatar:

Y quiero decirle 
que no siempre fue así,
que hubo gente,
movimiento, ruido,
amigos y amantes,
buenas intenciones
y palabras hermosas.
Hubo una vida de
mesas llenas y
frases salpicadas
de haremos´ diremos´
veremos´ seremos´,
de intenciones grupales
y palabras favoritas.

(…)

Decidí curiosear, sí,
y pedí aprender a
vivir sabiendo.

Al cabo, entre las cuatro esquinas de su existencia, Alejandro Palomas parece haber hallado un lugar propicio donde detener y retener sus instantes. Y desde él, reconstruir un horizonte sanador, gozoso, de todo cuanto no signifique miedo, sino la sugerente metamorfosis que bendiga lo nuevo:

Mi lista de ´quieros` 
se resume ahora en
cinco.
Uno por cada diez
años vividos.
Son verbos:
querer, entender,
admirar, tocar y
hablar.
No te confíes.
Se cuentan con los dedos
de una mano.

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