Narciso, la historia de su sed

depoesiaIberoamericana

 

Por Jorge de Arco

 

Bajo el título de “Narciso y ecos” (Fundación José Manuel Lara. Colección Vandalia. Sevilla, 2017), ve la luz el nuevo libro de Juan Vicente Piqueras.

Este valenciano del 60 -actor, guionista, locutor de radio, traductor, profesor…-, con residencia actual en Lisboa, tiene en su haber una extensa obra lírica, que alcanza casi la veintena de poemarios.

 

Hace tiempo que su decir viene signado por una reposada madurez, por un destacado vitalismo, donde los límites entre el ayer y el mañana pretenden alcanzar un punto de cálida unión. Sus versos abordan el dolor, la ausencia, la memoria, el amor…, y parecen querer construir una morada para refugiar el espíritu y alimentar la fe del alma.

 

Esta vez, Piqueras aborda el tema de Narciso y la condición de solitario a la que se ve abocado: un fugitivo incesante ante el miedo a enfrentarse a su verdad. El propio autor confesaba que el proceso de gestación ha sido muy extenso, casi obsesivo, y que al par de los poemas iban surgiendo aspectos íntimos y complejos que dominaban su día a día: “la sed, el desierto, el agua, los espejos, los pozos, la huida de lo que se necesita (…) lo fatal, el que soy, el que hago yo aquí, el dónde, el cuándo, el no tener un lugar en el mundo, y la voluntad de ser preciso y musical, al expresar este desasosiego”.

 

Sobre estos mimbres, el sujeto lírico siente y piensa a través de la figura de un Narciso atrapado por su ensimismamiento, el mismo, al cabo, que sufre la sociedad contemporánea:

 

Narciso en el desierto, sediento de sí mismo,

del agua equivocada de lo que cree ser,

busca un oasis que le sea espejo,

un espejismo donde reflejarse,

alguna voz que convertir en eco

un gran amor que transformar en propio,

un libro donde hablar de sí consigo,

un cuaderno de arena donde escribir: yo soy,

yosoy yosoy yosoy hasta acabar la tinta,

hasta la flor marchita entre las páginas

de un libro de agua que lleve su nombre,

la historia de su sed, y nadie lea.

 

El discurso del vate valenciano sitúa al lector ante la realidad de un tiempo complejo, en ocasiones irrespirable. La soledad a la que aspira el ser humano resulta no sólo una falacia, sino un estado de ánimo cercano a un laberinto de infelicidad.

La mejor forma de sentirse cómodo con la propia conciencia no es el abandono, la desconexión, sino verse reflejado en un diálogo con el prójimo que nos rodea y nos completa:

 

He huido tanto que me he dado alcance.Narciso y ecos

 

Me he visto por detrás huir de mí,

perseguirme.

                       En qué tregua

de huir me toqué el hombro

y al volverme me dije: ¿adónde vas?,

¿de quién estás huyendo?

 

No supe responder.

 

Tiemblo. Lo escribo.

 

El volumen lo conforman poemas, aforismos y fragmentos en prosa que agilizan la lectura y generan una visión de mayor verosimilitud, de mayor pulsión semántica.

Los textos de Juan Vicente Piqueras atesoran, en suma, el fulgor de la pureza lírica, el enigma que esconde la consciencia literaria. Y todo ello, tamizado por una grata música, por unas tonalidades rítmicas que consuenan con exactitud ante la cotidianidad del hombre y su

irremisible cadena -¿condena?- vital:
     Narciso sabe gramática y las fases del amor para él son los modelos de las conjugaciones: Amar – Temer – Partir. O dicho de otro modo: pasión exacerbada – temor a que la misma lo devore -huida del incendio que él mismo ha provocado y que el aire de su huida avivará.

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