Mujeres danzándole a la vida

Mujeres danzándole a la vida

La Fundación Telefónica exhibe en la cuarta planta de su sede de la calle Fuencarral número 3, la exposición “La bailarina del  futuro. De Isadora Duncan a Joséphine Baker” hasta el día 24 de junio de 2018. Este formato pretende sumergir al visitante en las figuras revolucionarias de la danza moderna a través de la vida personal y profesional de siete pioneras bailarinas y coreógrafas de diferentes nacionalidades. Las estadounidenses Isadora Duncan, Loïe Fuller, Martha Graham y Doris Humphrey, la francesa Joséphine Baker, la alemana Mary Wigman y la española Tórtola Valencia son las elegidas para este proyecto. Siete mujeres que vieron la necesidad de reivindicar, a través de la liberación del cuerpo y del alma, el rígido canon del ballet romántico y que han contribuido a convertir la danza moderna en una nueva forma de arte.

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En ACPI hemos tenido el privilegio de contar el pasado 5 de marzo con el escritor y dramaturgo Don Francisco de la Torre y Díaz-Palacios, que dio una conferencia centrada en la vida de la bailarina Isadora Duncan y de cómo esta hizo de su pasión su vida. Desde la Asociación invitamos a todos nuestros lectores y socios a acercarse a la Fundación Telefónica a visitar esta exposición para poder seguir descubriendo el importante legado que han dejado, no solo Isadora, si no estas siete bailarinas, en la sociedad un siglo después.

Redacción: María Valbueno y Carmen Amado, Universidad Pontificia Comillas, Relaciones Internacionales

Amor, pasión y tragedia en la vida de Isadora Duncan

Con ocasión de la reciente celebración del Día Internacional de la Mujer ofrecí una conferencia titulada «Amor, pasión y tragedia en la vida de Isadora Duncan», pareciéndome oportuno ahora dedicar unas líneas sobre la personalidad de mujer tan extraordinaria que acaso no supe destacar lo suficiente, convencido de que la palabra oral no permite a veces ahondar en matices interesantes.

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Por ello, quiero centrarme ahora en el mérito de esta gran bailarina, con independencia de su vida amorosa y sus veleidades amorosas, porque me parece más interesante resaltar su condición femenina, que desde niña supe encauzar hasta niveles sobresalientes sin que tuviera la oportunidad de formarse en estudios superiores, ni siquiera en los básicos. De inteligencia despierta y atrevida, desde su más tierna infancia, a proyectos superiores supo alzarse hasta costas insospechadas. Ciertamente, su madre era profesora particular de piano y una tía aficionada a la poesía, pero ni una ni otra parecieron preocuparse por la preparación usual de una niña, que en este caso apuntaba cualidades destacadas.

Sí acudió en los primeros años a una escuela pública, pero se rebeló enseguida por considerar que allí no entendía nada y lo que vislumbraba no figuraba en los planes escolares. Ella tuvo muy claro, desde el principio, la belleza del mar y el esplendor de la Naturaleza y sintió muy pronto la fascinación por lo uno y lo otro, que su cuerpo le pedía movimiento y su intelecto le exigía imitación.

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Advirtió que las limitaciones hogareñas y el ámbito en que se movía eran topes que se alzaban ante sus sueños antes de alzarse en proyectos, y convencida de su capacidad para emular el esplendor la Diosa Tierra se propuso dedicar progresivamente su mejor tiempo a dar forma bailando a la contemplación de un amanecer como a la grandeza del océano. Y junto a este sentir le atrajo la manifestación de los sublime en su más amplía expresión: la atracción por las grandes obras de artífices inolvidables, el estudio de la filosofía alemana, la percepción de piezas poéticas magistrales, el seguimiento de notables textos místicos, etc.

Aspectos todos ellos que llenaron innumerables jornadas de su existencia, relativamente breve pues murió a los cincuenta años de edad. Así, aún careciendo de actuaciones escénicas llenaba su tiempo con visitas exhaustivas a los grandes museos (el Louvre o la National Gallery) o se deleitaba en noche sin sueño con la lectura minuciosa de la Divina Comedia o se conmovía hasta el éxtasis al contemplar los grandiosos restos de la arquitectura griega, recitando espontáneamente en su primera visita: ¡Henos aquí, después de tantos trabajos, en la sagrada patria de la Hélade! ¡Salud, olímpico Zeus! ¡Y Apolo! ¡Preparaos, oh Musas, a bailar de nuevo! ¡Nuestros cantos despertarán a Dionysos y a las bacantes dormidas…!

Asimismo, no puede extrañarnos su deleite ante la contemplación de «La Primavera» de Botticelli, confesando: «Bailaré este cuadro y transmitiré a los demás el mensaje de amor, de primavera, de creación de vida que yo he recibido con tanta emoción. A través de la danza transmitiré mi éxtasis». Y sensacional fue su danza, acompañada de un joven compositor, de unos «Nocturnos» de Chopin y los «Sonidos sin palabras» de Mendelssohn en el Threatre Sara Berndardt de París, presentándose «envuelta en unas telas flotantes y con los pies desnudos».

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¡Qué huella nos dejó esta mujer! Supo soñar despierta con grandes sueños; adquirió, sin los medios habituales, un formidable bagaje cultural; rompió la tradicional disciplina de los grandes ballets con originales y bellísimos planteamientos, demostró a las mujeres que no existe frustración en su sexo si ponen de relieve talento y dedicación, generando en definitiva admiración y recuerdo.

Francisco Torres y Díaz Palacios

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