Las soledades de Pablo Medina

 

Por Jorge de Arco

 

       Novelista, traductor y poeta, Pablo Medina (La Habana) lleva décadas entregado al ámbito de las letras. Su tarea docente como profesor de literatura en el Emerson College de Boston no le impide mantener, a su vez, una intensa actividad literaria.

Desde que en 1975 viera la luz “Pork Rind and Cuban Songs” (1975), el escritor cubano ha mantenido su fidelidad al verso en sus siete poemarios ya editados.

Ahora, se publica “Soledades” (Betania. Madrid, 2017), una nueva entrega donde podrán hallarse muy distintos territorios, personajes, escenas…, en las que el yo poético revive y reinventa su ayer y su mañana.

Dividido en cinco apartados, “Hacia la Isla”, “El sueño de la razón”, “Manual de las estrellas”, “El gran despertar” y “Cuaderno de Bitácora”, el libro oscila entre el aprendizaje y la revelación, entre el tiempo y el poder, entre el asombro y el abandono, ente la dicha y la tristura. Y todo ello, a través de un discurso heterogéneo e insomne:
Paraíso perdido entre la luna linterna

y un rayo silente.poesiaportada_diciembre20171

 

En el patio yo me entendía con los arcabuceros.

Hay hombres que son piedras

y otros que son pétalos.

 

No hay nada que no sea sacrificio,

umbral, término de un franco tirador

que no disputa los derechos de las alimañas.

Cuando llega el sufragio de los platos rotos.

 

Un ocaso azafranado nos espera,

allí donde hay playa,

franja verde, tierra firme,

ahora espectro, ausencia

 

ganso ciego ante el mar

husmeando la concupiscencia.

 

En las esquinas de su quehacer, se alinean también el extrañamiento de un verbo reflexivo y dialogante. Sus soledades andan y desanda lo vivido, batallan con cuanto se ha convertido en anhelo y se refugian es escenarios más allá de lo terrenal.

Lo creado se convierte entonces en misterio, en visionaria conceptualización, en fidelidad a su propio y ajeno acontecer:
Y así queda patente en su poema “El concierto de la indiferencia”:

 

Hay días soleados en que uno está ausente.

Se abre la tarde como un gran melón.

El sol pare ochenta y ocho teclas.

 

Me dirigía al parque y apareció

una memoria en traje de baño,

junto al mar, mirando al horizonte,

 

pero no tenía cara y no tenía alma,

como la belleza del hielo o del azar,

como el concierto de la indiferencia.

 

Con fecunda naturalidad, Pablo Medina ha vertebrado un volumen en el que reivindica un estado de permanente alerta. A través del amor y del deseo hilvana un azar comunicativo que, sin embargo, no siempre puede revelarse en una primera lectura. Su lenguaje se extrema y mantiene una tensión lirica que surge con liberadora intimidad.

 

Un poemario, en suma, sonoro y multiforme, evocador y cósmico:

 

Los lagos dilatados de tus ojos

son como las bocas de Dios,

insaciable comelotodo,

gran artista del ocio y de la furia.

Los campos elíseos se sumergen

en los humos de las factorías.

Cae una lluvia de cenizas.

Hay un nido debajo del silencio,

nido llanto, nido escombro, nido nada.

 

webmaster: Ana Lucía Ortega

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