Entre las flores frías – Nuria Barrios

depoesiaIberoamericana

 

Por Jorge de Arco

 

    Con “La luz de la dinamo” (Fundación José Manuel Lara. Colección Vandalia. Sevilla, 2017), Nuria Barrios obtuvo el VII premio de poesía iberoamericano “Hermanos Machado”. La autora madrileña suma con éste su tercer poemario, tras “El hilo del agua” y “Nostalgia de Odiseo”, editados en 2004 y 2012 respectivamente.

A la naturaleza circular del poemario obedece, precisamente, su título, así como al incesante girar de las ruedas de la bicicleta, las cuales resultan familiares y evocadoras para el sujeto lírico.

Atravesado por tres temas fundamentales, la infancia, el amor y la muerte, el decir de Nuria Barrios se vertebra desde una óptica de intencionada transparencia. Su verso discurre sereno, sin alteraciones y remite a una semántica amatoria, reveladora:

 

Yo antes quería todo

ahora nada significa lo mismo.

Me perdí

no sabía dónde estaba

te decía perdida en ti

tú lo negabas

en ti sólo estabas tú.

Yo había desaparecido

olvidada de mí.

Sin mí, vacía de sí

la realidad vibraba.

 

Las cicatrices del corazón y la dicha que alimentó el alma se tornan protagonistas de buena parte de estos textos, que se mueven entre la luz y la penumbra. Los escenarios que antaño fueran cobijo amante son ahora refugio para una realidad distinta, adulta. Los años cumplidos dibujan una verdad construida sobre la experiencia, un mapa íntimo del que brotarán más recuerdos que sorpresas:

 

Hoy

que por siempre ya serás pasado

Portada del VII Premio Iberoamericano de Poesía Hermanos Machado
Portada del VII Premio Iberoamericano de Poesía Hermanos Machado

conjuramos tu futuro en nuestro presente

y en tu cuerpo inerte insuflamos vida

rescatada la flor de tu carne

entre las flores frías

más tu muerte devora el Tiempo

y fosiliza nuestro aliento

igual que insectos

    [atrapados eternamente

en el interior dorado

de una gota de resina.

 

      La poetisa madrileña recupera su niñez a través de la revisión de antiguas canciones infantiles. El eco de sus melodías, de su mensaje, tiene aquí un espacio novedoso para su relectura. Los protagonistas familiares también ocupan su antiguo lugar y los paisajes que sostuvieron el sabor pretérito vuelven a pintar los colores presentes. Ese retorno vivencial suena así:

El cocherito leré

la invitó a la botica, leré

para que el boticario, leré

le diese pastillas.

 

A comprar pastillas, leré

para el mareo, leré

Gretel va y viene, leré

sentadita en el coche.
 

Un poemario, en suma, que se adentra en el denso espacio de la vida, en el latir incesante de la esencia humana y que recorre de parte a parte la reflexiva liturgia de los anhelos, el hechizo dorado del destino, la rayuela última de la existencia:

 

Separar la piel de la vida

no hablo de mudar la piel

sino de eliminarla.

 

 

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