La liturgia de las horas

 

Por Jorge de Arco

 

Desde que en 2001, obtuviera el premio Adonáis con “Una interpretación”, Joaquín Pérez Azaústre (1976) ha editado otros cinco poemarios -“Delta” (2004), “El jersey rojo” (2006, Premio Internacional Fundación Loewe Joven”), “El precio de una cena en Chez Maurice” (2007), “Las Ollerías” (2011, Premio Internacional Fundación Loewe) y “Vida y leyenda del jinete eléctrico” (2013 Premio Internacional Jaime Gil de Biedma)- reconocidos con prestigiosos galardones y bien valorados por la crítica.

 

     Ahora, en su nueva entrega “Poemas para ser leídos en un centro comercial” (Fundación José Manuel Lara. Vandalia Sevilla, 2017) explica el poeta cordobés que dio inicio a esta lírica aventura, cuando paseando por un centro comercial, tuvo la impresión de estar atravesando las ruinas rutilantes de nuestra memoria sentimental. Por eso, no es casual la cita de Barry Brummett que sirve de pórtico: “Los centros comerciales son instrumentos retóricos de la cultura capitalista, textos retóricos gigantes”.

 

El volumen, si dividido en siete apartados -“La edad de oro”, “Salas abandonadas”, “Cine épico”, Sesión de tarde”, “Edición para coleccionistas”, “Agencia de viajes” y “Liquidación por cierre”-, viene signado por una común intención, por un hilo temático que nace desde un espíritu que quiere y necesita alzarse para contemplar desde un espacio distinto la confusión reinante en este nuevo siglo.

Y así puede adivinarse desde el primero poema del volumen, “Petrópolis”:

En esta habitación de hotel no soy un hombre,

ni soy un hombre más, ni un único hombre,

ni mucho más que un hombre a punto de morir.

El espejo del baño me muestra un hombre muerto,

que ya sabe que ha muerto,

que planeó la liturgia de las horas contadas

y las pocas palabras que aún podré escribir.

 

     La alternancia de la prosa y el verso, el uso de referentes cinematográficos y de aspectos autobiográficos, la expresión cotidiana y meditativa, el aroma nostálgico y futuro de los versos…, se conjugan de forma precisa y conforman un conjunto unitario, de solidaria condición vitalista:

Y pensar que esta noche voy a tenerte aquí,Portada

que vas a estar aquí como un vuelo de hojas

que silenciosamente hubiera huido del día

con su espiral pequeña, con su abrigo menudo

y la discreción pura de un diamante de aire.
Secretos de una piel, reverberación blanca,

mecánica de hielo, no hay sangre en la nevera

ni ningún testimonio sobre el sabor de un hombre.

Si entras por la ventana, porosidad en apuros,

camisones de lluvia con levedad aparente

mientras bailas descalza con cerezas de postre,

destaparé la caja de metal azulado

para que entres y duermas, y descanses.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *