El valor de la compasión en Iphigenia en Tracia, zarzuela barroca de José de Nebra

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Por Norma Sturniolo

Fotos: Javier del Real

 

La zarzuela barroca Iphigenia en Tracia  de José Nebra se representa estos días (15, 19, 23 ,25 y 27 de noviembre de 2016) en el Teatro de la Zarzuela  con dirección musical de Francesc Prat, dirección escénica de Pablo Viar, escenografía de Frederic Amat, vestuario de Gabriela Salaverri e iluminación de Albert Faura.

 

 

El reparto está integrado por María Bayo, que interpreta el papel de Iphigenia, Auxiliadora Toledano, en el de Orestes, Ruth González como la princesa Dircea de Tracia, Erika Escribá- Astaburuaga como Polidoro, Lidia Vinyes- Curtis, en el papel de la criada Cofieta y Mireia Pintó, en el de Mochila. Es una nueva producción alrededor de la cual se han programado otras actividades  y una exposición que se mantendrá hasta el 27 de noviembre en el Museo Tyssen-Bornemisza titulada Frederic Amat, la escena pintada en la que  hay una retrospectiva de la obra teatral de F. Amat.

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De la obra escénica de José Nebra (Calatayud, 1702- Mardrid, 1768), el coliseo madrileño programó hace a unos años, concretamente en 2013, la zarzuela Viento es la dicha de amor donde el protagonismo lo tenía el deseo amoroso.

 

 

 

 

 

 

El libretista de Iphigenia en Tracia es Nicolás González Martínez, autor dramático, censor de comedias y poeta español de la  segunda mitad del s. XVIII. La obra se estrenó en el Teatro de la Cruz de Madrid en 1747 y se basa en la leyenda griega de los Átridas, la trágica familia maldecida por los dioses.

El mito de Ifigenia, la hija de Agamenón y Clitemnestra, hermana de Orestes y de Electra, dio lugar a una larga y rica tradición artística que llega hasta nuestros días. Referentes indiscutibles son las dos tragedias de Eurípides, Ifigenia en Áulide e Ifigenia en Táuride. En esta última, se inspira la zarzuela que nos ocupa.

 

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Recordemos algunos aspectos de la tragedia para señalar, por una parte, la fidelidad y por otra, la originalidad del libreto de esta zarzuela con respecto a su fuente de inspiración.  Ifigenia se encuentra en Táuride, (Tracia en el libreto de N.G. Martínez), porque la llevó allí la diosa Artemisa. Con anterioridad, se encontraba en su patria, en Áulide. La flota aquea contra Troya que dirigía su padre estaba inmovilizada en el mar porque, según un oráculo, lo impedía Artemisa, la Diana romana. El oráculo decía que la diosa permitiría navegar a las naves si, Agamenón sacrificaba a su hija Ifigenia. Él acepta y cuando ella está a punto de ser sacrificada -esta es una de las versiones, ya se sabe que de un mito hay más de una versión, la misma diosa Artemisa la rescata y la lleva a Táuride. Allí, Ifigenia se convierte en sacerdotisa principal del templo de Artemisa. Entre los tauros gobierna Toante e impera una ley cruel según la cual todo extranjero que llegan al lugar debe ser sacrificados. El  hermano de Ifigenia, Orestes había matado a su madre Clitemnestra, en castigo porque ella, a su vez, había matado a Agamenón y a raíz de ese acto es perseguido por las Erinnias, vengadoras de crímenes. Un oráculo explica que para liberarse de esa persecución debe dirigirse a Táuride y llevar a Grecia la estatua de Artemisa.

En esta nueva producción se nos aclara los antecedentes incorporando fragmentos muy bellos de la tragedia de Eurípides y de una obra de finales del XVIII, Ifigenia en Taurida de Goethe (1779).

Un aspecto novedoso de la zarzuela es la inclusión de unos personajes que nada tienen que ver con la tragedia: Mochila y Cofieta, dos criados, equivalentes a los graciosos de nuestro teatro áureo, que tienen dos dúos y dos recitativos en los que se alejan del mundo mítico y hay alusiones a usos de la época que rompen con el tiempo en que transcurre el mito.

 

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La música de Nebra es magnífica desde la obertura inicial y destaca en los dúos y concertantes. Además, Nebra demuestra su originalidad con respecto a las típicas arias barrocas donde se representaba un solo afecto. En un misma aria podemos encontrar dulzura, melancolía e ira como podemos comprobar en la primera aria de la princesa Dircea. En ella, se compara los tiempos felices en los que gozaba del amor de su prometido con los actuales en los que él ha dejado de amarla porque se ha enamorado de Ifigenia. A través de la música y el texto, vamos conociendo el mundo rico, complejo y lleno de inseguridades propio de la psicología humana.

La catarsis, el alivio de la angustia que atenaza a Orestes y a los demás personajes se produce a partir de la anagnórisis, del descubrimiento de la verdadera identidad del forastero. La comprensión y el apelar  al sentimiento de la compasión producen la purificación de los afectos. Ifigenia reconoce en Orestes a su hermano y pide que se le perdone la vida ya que: tirana ley severa, que con holocaustos fieros, obsequiar la deidad quiere, comete crueldad, no obsequio.

Ese mensaje aleccionador de la obra está implícito desde el principio ya que el título completo de la zarzuela es: Para obsequio a la deidad, nunca es culto la crueldad y Iphigenia en Tracia.

 

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Frances Amat, en su labor escenográfica , demuestra una exquisita sensibilidad realizando una coreografía escultórica en movimiento que puede sugerir un bosque, los mástiles de las embarcaciones y todo aquello que despierte en el espectador, apelando  así, a una participación del espectador que se convierte en cocreador del espacio escénico. Una vez más se demuestra que las grandes obras establecen comunicación con todos los tiempos y lugares.

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