“Bel Ami”, el seductor al servicio de la manipulación periodística

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Por María José López de Arenosa

 

Con escaso éxito de público y crítica ha sido recibida en Madrid la nueva versión de la película “Bel Ami”, basada en la obra homónima de Guy de Maupassant. George Duroy, el personaje principal, interpretado por Robert Pattinson, es un provinciano sin oficio ni beneficio, que, recién llegado a París, después de haber servido en Argelia, consigue hacerse un hueco como periodista a pesar de su nula formación para el oficio.

El primer empujón le llega a través de Madeleine, la inteligente y bella esposa de Forestier, su amigo y antiguo compañero de armas en Argelia. Además de asesorarle, Madeleine (interpretada por Uma Thurman) le escribe su primer artículo para “La Vie Française”, el periódico a cuya Redacción pertenece su marido. “En París, las personas más importantes no son los hombres, sino sus mujeres,” le advierte Madeleine, su cicerone.

Incapaz de escribir por sí mismo un texto digno de ser publicado en “La Vie Française”, Duroy se ve abocado a la chismografía, dirigiendo la sección de “Ecos”, que son, según dice en la novela el propietario del periódico, el banquero Walter, “la médula del periodismo. Gracias a ellos se lanzan las noticias que hacen correr rumores que conmueven al público y mueven los fondos públicos.” Al morir su amigo Forestier, el joven Duroy se casa con su viuda, quien vuelve a escribirle los artículos, como hiciera antes con su primer marido.

Sin ningún talento literario, el inculto Duroy se abre paso en el Periodismo y en el cerrado círculo de la alta burguesía parisina de finales del siglo XIX de la mano de su mujer, compaginando su matrimonio con otras relaciones. A pesar de tener la fuerza de hacer caer un Gobierno con artículos escritos al alimón con Madeleine sobre una posible invasión de Marruecos, su vanidad le impide ver que no es, al fin y al cabo, más que un hombre de paja, el tonto útil que con su firma se pone al servicio de los suculentos negocios de quienes mueven los hilos de la política.

Nueva versión cinematográfica

El guión de esta película, dirigida por Declan Donnellan y Nick Ormerod, se ajusta más a la novela que el de la versión de 1939, del director austríaco Willi Forst, pero no consigue transmitir al público el meollo del tema de la novela de Maupassant: la capacidad de manipulación de la Prensa. Otra versión, “La vida privada de Bel Ami,” dirigida por Albert Lewin, en 1947, y protagonizada por George Sanders, no llegó a los cines españoles.

El subtítulo de la versión actual, “Historia de un seductor”, pone el énfasis en las andanzas amorosas de Duroy, desviando la atención sobre la crítica de Maupassant a la hedonista sociedad del siglo XIX en general y a la Prensa en particular. Como remate, la interpretación de Robert Pattison carece de credibilidad y no logra convencer al espectador de sus poderes de seducción sobre unas mujeres atractivas e inteligentes y, mucho menos, sobre una sensual Uma Thurman.

El mayor mérito de esta cinta, y tal vez el único, es el de desempolvar un clásico de la literatura naturalista francesa e invitarnos a la lectura de esta obra con la que Maupassant se suma a tantos literatos que han puesto en solfa al gremio de periodistas. Entre ellos cabe destacar a otro novelista francés decimonónico, Honoré de Balzac, cuyo resentimiento contra la Prensa quedó patente en “Las ilusiones perdidas”, donde un periodista declara ante sus colegas: “Si existiese un periódico de cheposos, probaría mañana y tarde la belleza, la bondad, la necesidad de los cheposos. El periódico puede permitirse la conducta más atroz; nadie se cree por eso comprometido personalmente.”

Los periodistas de Maupassant en “La Vie Française” no van a la zaga de los de Balzac en lo que a falta de deontología profesional se refiere. “Vamos a convertirnos en una hoja oficiosa”, dice Walter, el banquero convertido en empresario de Prensa. “Estoy haciendo el artículo de fondo, una sencilla declaración de principios para trazar el camino a los ministros.”

También en su opúsculo, “El hombre-femenino”, Maupassant lanza un dardo a la Prensa. El título nada tiene que ver con determinadas orientaciones sexuales, sino con el arquetipo del francés, “…[ el hombre-femenino] la peste de nuestro país. Porque todos en Francia somos algo femeninos, es decir: inconstantes, antojadizos, inocentemente pérfidos, violentos y débiles como las mujeres.” Y, para el misógino Maupassant, semejantes ejemplares no sólo abundaban en los bulevares de París, sino también en las redacciones de los periódicos.

Alcance y vigencia de la crítica de Maupassant

 

La historia de la humanidad está repleta de arribistas, hombres y mujeres, que prosperan compartiendo sábanas con los poderosos, pero Guy de Maupassant no se limita a mostrarnos el ascenso de un don nadie sin escrúpulos, sino que le da un buen repaso a esa sociedad en cuyos salones se encumbra a un ignorante, cuyos panfletos sirven para manipularla en beneficio de unos pocos.

Los espejos en los que el ambicioso Duroy se mira reiteradamente a lo largo de la novela no son sino la metáfora de una sociedad corrupta, tan frívola y autocomplaciente que es incapaz de ver más allá de una imagen superficial. La historia de ”Bel Ami” no ha perdido vigencia. La gestión de imagen de las instituciones y personajes públicos se ha sofisticado enormemente con el desarrollo de la propaganda, pero no por ello estamos libres de “mindundis” encumbrados como por arte de birlibirloque. Todo lo contrario. Esta novela es una buena lectura para quien se inicia en el mundo de la Comunicación y no desea convertirse, sin querer y sin saberlo, en el cándido amanuense al servicio de intereses oscuros.

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