De la Monarquía al Estado – nación

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Por Juan José Echevarría – Opinión

La presentación de la novela histórica la “Colosal Guerra Dominicio-Española 1863-1865”  de José Rafael Laine Herrera, fue una oportuna ocasión de conocer uno de los acontecimientos más desconocidos, a ambas orillas del Atlántico, de la historia reciente iberoamericana.

 

Sabido es que lo que hoy se conoce como República Dominicana se independizó en 1821, dentro de la primera oleada revolucionaria que vivió el hemisferio occidental. Más ignorado es lo que vino a continuación, con un incipiente Estado preso de su propia posición geoestratégica. En efecto, la desconexión con el reino de España fue seguida de inmediato de una invasión de Haití, la porción oeste de la compartida isla que desde los primeros años de la conquista recibió la denominación de La Española. La violencia y estado de guerra consiguiente se extendió durante décadas, asolando la isla y contrastando con la situación de las cercanas Cuba y Puerto Rico, donde aquella primera oleada independentista no había arribado. BanderaRepDominicana

 

Esas circunstancias explican la posición de una parte de la población dominicana favorable al regreso de la soberanía española, liderada por el general Pedro Santana, hecho que se concretó en 1861, pero que desató un nuevo ciclo de violencia, materializado en una nueva guerra que no finalizó hasta 1865 y que se saldó con la definitiva expulsión de España. Contienda sangrienta con decenas de miles de muertos.

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Cuestión interesante al respecto es la diferencia entre 1821 y 1861. En la primera de las fechas, la Monarquía Hispánica, un imperio con tres siglos de existencia abandonó la isla, regresando cuarenta años después como un Estado-nación. La diferencia no es baladí y explica muchas de las circunstancias que sobrevolaron el primer siglo de la Contemporaneidad: el XIX.

 

La primera oleada revolucionaria acabó con el imperio español. Las independencias de las primeras décadas del XIX pusieron fin a aquella estructura estatal diseminada por grandes extensiones del planeta, compuesta por múltiples reinos y virreinatos sobre las que pivotaba la figura de un monarca. De esa implosión surgieron dos decenas de Estados-nación, entre ellos la República Dominicana, pero también México, Perú, Argentina y… España. Todos ellas desgajadas de aquel tronco común: de la Monarquía Hispánica. Un nuevo tiempo había empezado: el protagonizado por los nacionalismos.

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Cuarenta años después, los barcos que llegaron a la Española no eran de aquel imperio ya desaparecido, sino de un Estado-nación que se había construido en el ínterin, al igual que otras ramas de aquel árbol hacían lo propio, entre ellas la propia República Dominicana. El enfrentamiento de ambas naciones, jóvenes en edad, provocó aquella colosal contienda, que Laine Herrera describe y que desde aquí invitamos a su lectura.

Vidas pintadas para sobrevivir

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Por Sully Fuentes

Libro “Vidas pintadas para sobrevivir”   de Ana Lucía Ortega.

 

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Hoy es el día que se cierra el capítulo de homenajes a Fidel Castro y la isla cubana ”vivida a su manera”.  Por eso nos vamos a permitir pasar de la realidad a la ficción, es decir, a compartir lo que se ha dicho en secretos…pero  que en CUBA  no se contado en voz alta.

Lo acercamos a través del libro “Vidas pintadas para sobrevivir” de la escritora  cubano- española Ana Lucía Ortega. Lo hacemos en este momento cuando las coincidencias son una señal de la semiótica histórico -cultural  de algunos pueblos. En el preciso momento que dejaba este mundo el líder cubano (el pasado fin de semana), el libro –por  guiños del destino-  partía de España hacia Miami para llegar con sus mensajes arrancados de la realidad  isleña y con la invitación a presentarse en un geografía prestada, en la que residen los  que  no estaban de acuerdo con el régimen, los llamados disidentes.

Quien ha escrito este libro, de relatos cortos pero intensos; es una periodista con dilatada experiencia. Es una gran persona, generosa e inteligente que ha elegido siempre respetar las diferentes posturas ideológicas, como lo hacen los buenos profesionales aunque les toque vivirlas y/o analizarlas. Sin embargo, no ha podido conjugar sus ilusiones personales y profesionales con el reloj de su entorno, ni tampoco la de sus emociones al vivir “sin disponer de su propia voluntad”. Por ello ha decidido volcarlo en la literatura con las luces y las sombras de lo vivido  en las últimas décadas del siglo XX en una incomparable tierra caribeña.

Vidas pintadas para sobrevivir

PRÓLOGO

El malecón ha olvidado sus silencios. Ahora tiene voz de argento, tiene suculentas historias, tiene vidas singulares para compartir con los lectores. Vivencias, datos, emociones encontradas, recuerdos incómodos, situaciones jocosas y una realidad tan colorida que no se podría confundir con ningún otro lugar del mundo.  Es CUBA. Ana Lucía Ortega como periodista y explícita narradora ha tejido esta “elección de relatos con los hilos más delicados  de la  sensibilidad y las emociones  de sus protagonistas. Son realidades que parecen unas impostoras de la felicidad. Pero no. Es exactamente como han pasado. Son viscerales, dramáticos e hilarantes momentos de unos seres que siempre han soñado con una  isla  que se extiende más  allá  de sus límites.  No por eso dejan de creerse que es esa “su realidad“ más auténtica. ¿La desean? ¿La cuestionan? ¿La transforman? Lo dirá el lector al llegar a la última página. Lo que sí comprobamos  al leer este trabajo  de testimonios es que, a pesar de una  rutina que se anuda a las horas y a los escenarios  más  pintorescos, adquiere cada secuencia una fuerza, una sonoridad  y un protagonismo  que  las echa  a volar  por sí solas. Por momentos, nos cuesta creer de lo que es capaz un ser humano cuando todo es escaso, racionado, controlado. Pero lo más bonito de esta realidad es saber que esa materia gelatinosa que se ha quedado suspendida en un “tenderete  límbico  del cerebro”, hoy es deconstruido y rehecho con la magia y el talento de quien se desnuda y se “abre en canal”  generosamente, para que seamos  partícipes y espectadores  de estas  historias verídicas. Es sin duda emocionante y desesperante a la vez no poder leer más rápido para llegar hasta la última página. Todo lo que aquí sucede está cargado de vidas intensas, coloridas, de pruebas superadas en cada amanecer, de realidades paralelas, de hilaridad terapéutica, de verosimilitud algunas veces hasta escatológica, de reflejos  y agudeza  para superar escollos, de resignación y esperanza. Todo bulle como un río turbulento del que se ven las barcas cargadas de energía vital, con seres expuestos al sol y al viento, – porque no poseen otra cosa-, rodeados de delfines y tiburones que se acercan a sus sueños pero que al menos, dejan a los protagonistas un resquicio para la ficción de cada día. Estos hombres y mujeres saben, en el fondo, que la realidad es otra cosa; un espacio lejos de sus esperanzas pero animado de tal manera que lo que falta, no se ve desde fuera, no tiene forma de drama. Hay que hurgar en los resortes –  quizás- de la desesperación y la impotencia por no poder cambiar, para saber realmente si hay congruencia  entre lo que se dice, se expresa y se vive. Es un trozo de la historia de un querido país, contado por una fecunda escritora que se mimetiza entre experiencias propias y ajenas, que pasea a los habitantes de esta tierra moviéndolos con sus voces profundas, su música, sus onomatopeyas cargadas de mensajes y su canto a la existencia  que les ha tocado vivir.  Apuesta por lo más humano y sonoro de esa realidad. Todo es color, sonido y silencios. Sensorialidad isleña a la sombra de un árbol sagrado que trae nuevos tiempos dando vida a las calles de la Habana y a tantos otros rincones donde el escenario sobresale por el colorido humano, la autenticidad y la consistencia de sus historias.  Al terminar el último relato se puede decir que nos ha prestado una geografía y un tiempo que tiene voz. Ese lugar en el mundo existe y ha soltado a la mar las cometas de la esperanza.

Un libro magnífico que nos invita a conocer a sus personajes, estén donde estén. Una obra que se mece entre la escasez y la esperanza, el miedo y la alegría, entre el encierro y los sueños. Una vida contada al oído. Un libro lleno de pinceladas para fotogramas. Un libro para no olvidar.  Le puede pasar a cualquiera. Descubrir a una persona que esconde en su interior una entrañable colega con la que compartió espacios de formación y risas … (muchas  risas) y un buen día te sorprende con su cosecha. Les dejo con sus vivencias.  Hoy agradezco a la vida haberla conocido. Hoy vuelvo a leer una y otra vez sus relatos.

            Sully Fuentes Ciocca
 Periodista y escritora. Madrid. 2015

                                                                                                                                                cuba-en-imagenes

Compartimos un relato de este libro.

 

La  autoevaluación

 

Ramón comenzó a leer en voz alta la autoevaluación de Mariana. Como preámbulo, consideró necesario comentar con los reunidos allí, en carácter de militantes de la Unión de Jóvenes Comunistas, la insólita característica del documento que conocerían en escasos minutos: su brevedad. Sin dudas, creyó a la autora demasiado modesta.

Era una de esas reuniones en las cuales, ante la proximidad del fin de año, debería discutirse, debatirse, analizarse, en fin, evaluarse, la trayectoria de cada uno de los integrantes de la membresía de la citada organización política. Léase trayectoria laboral. Léase actitud ante la defensa de la Patria… Léase disposición a participar en las tareas agrícolas por un período de quince días. Léase asistencia a trabajos voluntarios de toda clase. Léase relaciones humanas, tanto en el trabajo como en el barrio, con los vecinos. Léase y piénsese hasta en relaciones familiares… En resumen, ¡entiéndase!, todo aquello que se halla en el plano de lo íntimo del ser humano. Aquello simplemente, que usted no desearía debatir, analizar, ni mucho menos ¡evaluar! absolutamente con nadie.

Las autoevaluaciones de Mariana eran siempre muy convincentes y saturadas de relevancias, hechos extraordinarios, felicitaciones sin par. Todo redactado con grandilocuencia. Estaban ahora en presencia de una autoevaluación que vestía otras prendas. Mayúsculas. Oraciones cortas y simples. Telegráficas. Mecanografiado. Y cierto matiz, ¡cuánta gracia causó! de revolucionario lirismo. Y para impresionar: una cita traída a colación. De Martí, ese gran poeta cubano que pertenece a los cubanos. Expresaba que la crítica se acepta bien cuando no es mordida, o sea, cuando no es una dentellada. Algo así. Algo así escribió Martí. scribió Martí.

-¡Caramba, Mariana, cuánto pasaste por alto! Este año te destacaste muchísimo. Algunas oraciones merecieron ser repetidas al público:

(…) DETECTÉ, DISCUTÍ Y DENUNCIÉ A UN HOMBRE QUE PUSO UN CARTEL DE “ABAJO FIDEL” Y FUI A RECONOCERLO A “VILLA”.

La reiteración de la frase, pronunciada por Ramón en tono jocoso, causó risa. Algunos semblantes expresaban franca curiosidad, común entre los profesionales de la comunicación. Y la risa. “A ese la crítica sí lo mordió duro, ¿no es verdad Mariana?” Ramón la instó a que relatara la anécdota.

Su narración estuvo interrumpida por la lógica del interés: “¿Quién?” “¿Dónde?” “¿Cuándo?” “¿Cómo?” “¿Por qué?” La protagonista, con cordial deleite y la soltura habitual de sus ademanes, respondía una a una cada pregunta, y conformaba el lead de la inesperada noticia que no hallaríamos nunca en ningún diario nacional de Cuba.

Sucedió en los alrededores de la Plaza Julio Antonio Mella, en el Vedado. Ella residía entonces en un edificio aledaño a la Universidad y por lo tanto, allende a la Plaza. Eran aproximadamente las siete y media de la noche y preparaba la comida, cuando su ex suegra le avisó haber avistado desde el balcón a un individuo escribiendo un letrero en uno de los muros sempiternos. Sin pensarlo dos veces ni deshacerse tan siquiera del tenedor, con el delantal encima y sin ninguna pereza; se lanzó escaleras abajo en pos del desconocido quien ya caminaba rumbo al Malecón.

Por supuesto, DETECTÓ a un ser que al principio se hizo el desentendido; pero DISCUTIÓ con un hombre que escuchó la terrible acusación y se sintió solo en medio de una ya crecida aglomeración de transeúntes; y DENUNCIÓ en público a un individuo que se supo perdido y se soltó en desesperada huida.

A gritos siguió ella defendiendo a ultranza aquél nombre, escrito con letras rojas sobre las piedras del añejo muro. Con irrevocable decisión, sobre los rasgos de la palabra que inauguraba el letrero, trazó el antónimo. Y sabiamente, aplacó las recriminaciones de los celadores de aquella Plaza considerada monumento nacional y sobre la que pesaba la prohibición de variar la fisonomía de sus verticalidades, porque conservaban letreros históricos estampados por jóvenes manos estudiantiles en la década del cincuenta: ¡Batista, Asesino! ¡Abajo la Dictadura! ¡Muera el Tirano!

“Pero, ¿a qué villa fuiste a reconocerlo?”, preguntó alguien en el mismo tono de jácara. “Tienes que ponerle apellido, porque puede pensarse que fue en Villa Ensueño”; aseveró irónicamente otro joven comunista. Había sonado muy cómico el ingenuo paralelismo entre el albergue destinado a las parejas de enamorados que, furtivas, van a saciar sus apetitos sexuales y el conocido edificio de Villa Marista donde tiene su cuartel general la policía política del régimen de los Castro.

“Yo fui a hacer el retrato hablado”, – cortó Mariana el coro de carcajadas-. “Pero no fue por él que lo encontraron”. Y volvió a ser interrumpida: “¿Cómo fue la cosa, chica? ¡Termina el cuento!”

Mariana en su relato reconoció que el escritor de letreros no era un antisocial ni un delincuente. Todo lo contrario, era una persona decente; un ingeniero trabajador desde hacía tres años, de una microbrigada a pulmón, ésas que existen en algunos centros de trabajo donde los necesitados de vivienda emprenden la construcción con medios propios. Pero con los aires de la perestroika y la glásnost soviéticas, el hombre había variado su perspectiva y aunque trabajaba a pulmón, su respiración no se avenía ya al ritmo de la Revolución.

Con el tiempo, decidió hacer algo más que el edificio que sería su vivienda y se asoció a un grupo anticomunista clandestino. Su misión, diaria, consistía en dibujar ¡Abajo Fidel! sobre el muro centenario de la céntrica Plaza. Y cumplía su tarea. Durante meses lo estuvo haciendo. Hasta el día en que tuvo la mala suerte de que la ex suegra de Mariana lo pillara desde el balcón de su apartamento y diera la voz de alarma a la ex esposa de su hijo. A partir de ese día cambió su vida.

Fue cuando apresaron al jefe del grupúsculo como lo llamaría cualquier vocero del gobierno, que al descubrirse las actividades que hacía y los lugares donde operaba, pudo asociarse el añejo muro con el retrato hablado que durante meses permaneció archivado en una de las gavetas del Departamento de Técnicas de Investigación del Ministerio del Interior.

“Fue difícil para mí. Cuando me vi delante de seis hombres, sin un cristal siquiera separándonos…” -Mariana intentó trasladar la emoción de aquellos momentos al grupo de jóvenes comunistas-. “Lo reconocí por los ojos, porque había bajado más de cincuenta libras. ¡Era otra persona! ¡Imagínense! Había estado trece días sin dormir a causa del estrés. Yo les dije que era una persona decente”.

Y también contó cómo la fotografiaron en Villa. De frente y desde el costado. Ella con el brazo extendido señalando al depauperado pintor de muros.

El paréntesis marianístico dilató la reunión. Por espacio de una hora más, continuaron analizando, debatiendo. Evaluándose unos a otros. Salieron a la calle cuando ya la noche se había echado sobre las calles y avenidas. No había luna. Solo tenía luz eléctrica el edificio de la Televisión Nacional que ellos abandonaban, y el Hotel Habana Libre, en la acera de enfrente, porque es para turismo internacional. Era el día del apagón programado para el municipio Plaza y con un extraño sabor en la boca continuaron andando a ciegas, a sabiendas que junto a ellos caminaban otros seres. No más que sombras.

En Coppelia se toparon con el típico e inconfundible murmullo de los que en vano esperaban convertirse en pasajeros de algún ómnibus. Tropezaron con varios cuerpos. Sintieron el lugar atestado, y alcanzaron a vislumbrar gracias a la luz de los faros de un taxi para turistas, la muchedumbre que se agolpaba en la parada del ómnibus de la acera de enfrente.

El grupo, sin dispersarse, continuó caminando unido. Cuando llegó a la amplia Avenida de los Presidentes permaneció largo rato dudando si cruzar o no la calle Veintitrés. Escuchaba la constante circulación de anónimas bicicletas y el silbato agudo de un policía. Era extraño que algún agente pudiera trabajar en aquella oscuridad pero el farol de una ruta 174 detenida en la intersección de ambas vías, descubrió a un ciclista que silbaba sin parar, para anunciar al pseudomundo circundante, su paso por la vía. Fue un momento de alucinación. El grupo no supo si moverse o quedarse allí, estampado sobre el pavimento. En su consciente delirio, recibió el azote de un relámpago que ofrecía con absoluta nitidez, la visión de los muros de la Plaza Mella con rojas impresiones.

Una sonora carcajada devolvió a los integrantes al sitio donde aún permanecían. La absurda estridencia de la risotada que continuaba en el aire, ofrecía la clave del grupal desasosiego.  Porque era una expresión jacarandosa; no de pavor o nerviosismo.  Aquél ser estrepitoso pudo ser testigo de lo que hizo Mariana aquél día. Y hasta pudo parecerle un interesante espectáculo el acoso de un hombre que solapadamente defendía una IDEA; o esa noche pudo tomar como una burlesca distracción aquella vigilia horrenda en La Habana.

La Habana Octubre, 1992

 

Este libro se presenta esta semana Día 8 de diciembre  a las 7.30 p.m. en MIAMI.

 

La diosa Cibeles y la ciudad de Madrid

Autor Carlos Delgado
From Wikimedia Commons

 

Por: Tomás Bethencourt

 

La Cibeles es el símbolo de referencia de la Ciudad de Madrid y uno de los lugares más populares de la Capital de España. Es zona de cita de eventos deportivos, políticos, sindicales y turísticos y por tanto un espacio familiar de trabajo para reporteros y periodistas.

 

Su origen data del Siglo XVIII, cuando el Rey Carlos III siguiendo la corriente neoclasicista de la época se propuso embellecer la ciudad con monumentos de la cultura clásica grecorromana como la Fuente de Neptuno, el Museo del Prado, La Puerta de Alcalá y otros que dieran a Madrid el nivel monumental propio de las grandes ciudades europeas.

 

Cibeles era la diosa de la Madre Tierra, de la naturaleza, de las montañas, de los ríos, de los animales y también de las obras humanas como murallas y fortalezas. Tanto ella como su consorte Atis fueron motivo de culto en todo el Oriente Próximo.

 

En la obra madrileña, la diosa va en un carro tirado por leones. Lleva una corona en forma de muralla y porta las llaves que dan acceso a todas las riquezas de la Tierra. El carro simboliza la superioridad de la Madre Naturaleza, a la que se subordinan los poderosos leones.cibeles1

 

En los panteones griegos y romanos, Cibeles se identifica con la esposa de Crono (Saturno), padre de Zeus. Cibeles viene de Kubele, una piedra negra (meteorito) que cayó en el monte Pessinus de Grecia.

En el año 204 a. de C. durante la Segunda Guerra Púnica, los romanos, obedeciendo a una profecía del Oráculo de Delfos, emprendieron la difícil tarea de llevar la piedra sagrada a Roma, lo que hicieron con una escolta de cinco barcos. El templo a la diosa Cibeles fue consagrado en el Monte Palatino en 191 a. de C.

 

La diosa se veneró como una escultura atendida por sacerdotes, que debían ser extranjeros, castrados por su propia voluntad. Con ello se homenajeaba a Atis, el esposo amado de Cibeles que tras engañarla con la ninfa Sagaritis fue castigado con la locura por la diosa celosa, tras lo cual Atis se castró y se suicidó.

 

Hay dos réplicas exactas del monumento madrileño a Cibeles. Una está en la Avenida de Oaxaca, en Ciudad de México, que fue donada por la comunidad de residentes españoles en México como símbolo de hermanamiento entre ambas ciudades. Fue inaugurada el 5 de septiembre de 1980 por el entonces alcalde de Madrid, Enrique Tierno Galván. La segunda reproducción está en la Plaza Presidencial de una zona residencial de Pekín.

 

Varios historiadores iberoamericanos manifestaron encontrar paralelismos y similitudes entre Cibeles y la Pachamama – Madre Naturaleza andina.

 

Tomás Bethencourt Machado. Socio nº 29 de ACPI.

Photo: Autor Carlos Delgado
From Wikimedia Commons

La campaña de Rajoy

Foto politica.elpais.com

 

Por Juan José Echevarría
Opinión
       El discurso de Rajoy en las Cortes ha tenido múltiples interpretaciones, desde la que enfatiza que el candidato se limitó a cubrir el expediente, abundando en su fama de indolente, hasta aquella más propagandística que incide en resaltar la necesidad de gobernabilidad, evidenciando la actitud empecinada del principal partido de la oposición. Del éxito de la consolidación en la opinión pública de uno u otro relato, depende algo crucial: la reponsabilidad del fracaso de la sesión investidura recaería en Pedro Sánchez o en el candidato; detalle muy relevante si terminamos abocados a unas nuevas elecciones, las terceras que viviríamos en un año, anormalidad que el entorno democrático europeo vería con estupor.
      Sin embargo, la interpretación más obvia ha pasado más desapercibida: aquella que apunta que Rajoy ya ha iniciado la campaña electoral. Avalan tal consideración diversas circunstancias. La más relevante es que Rajoy no hizo un discurso de investidura, propiamente hablando. No presentó un programa de gobierno, ni apeló a otras formaciones a sumarse a la minoría mayoritaria de 170 escaños, cifra insuficiente para superar el listón.
      Rajoy no parecía dirigirse a quienes tenía enfrente, sino más bien a los electores. Así dedicó casi la mitad de su discurso a la gobernabilidad, otorgándose el papel de estadista y negándoselo al líder del PSOE. La economía ocupó el segundo lugar, resaltando así la importancia de la misma para una sociedad que ha salido muy tocada de la grave crisis padecida. En cambio, el combate contra la corrupción, el flanco más débil de Rajoy, fue despachado en dos minutos.
      El último indicador que confirma que el presidente del PP está en campaña lo apunta el tono emotivo que empleó para hablar de la unidad de España. De repente, Rajoy dejó la frialdad que había caracterizado hasta entonces su discurso para adentrarse en los vericuetos de la épica del Estado-nación español, pese a que eso le cerrase la posibilidad de que el PNV cambiase su voto y facilitase su investidura. Su objetivo era otro: cohesionar a los fieles votantes del PP y arañar votos socialistas, convencido de que en unas terceras elecciones la alta abstención otorgue actas parlamentarias mucho más baratas en sufragios.
      El horizonte, pues, de unos terceros comicios se afianza en la lontananza. Tan solo cabe ya una última posibilidad que impida que los ciudadanos se han convocados por tercera vez. Y ésta pasa por la circunstancia de que el PNV necesite, tras las elecciones vascas del 25 de septiembre, del apoyo socialista y del PP para poder formar gobierno, frente a la opción que encarnarían Podemos y EH-Bildu. Eso podría suponer que el PNV diese sus cinco diputados para una tercera votación de investidura de Rajoy. Aún así, faltaría un escaño más. Tan sólo un pacto PNV-PSE-PP en Euskadi podría hacer cambiar a Pedro Sánchez.
      En cualquier caso, tanto Rajoy como Sánchez se juegan su continuidad si finalmente hay nuevas elecciones, en la medida en que difícilmente cambiaría el panorama político existente. Un descenso en escaños de cualquiera de ellos debería traducirse en la muerte política de uno u otro, o de los dos.
Foto tomada de politica.elpais.com