Las mentiras de Baracoa. Cuba

Imagen de El Yunque de Baracoa, Cuba

 

Por Ana Lucía Ortega

 

La geografía insular suele ser peregrina. Quizá se deba a la astucia intrínseca de estos trozos sueltos de tierra, que para combatir su limitado espacio y esa ausencia de firmeza, optan por destacar en otros rasgos. Uno podría ser la singularidad. A Baracoa, por ejemplo, esa hermosa ciudad primada con que cuenta Cuba, le dio por mentir. Y sorprender al paisano y al foráneo con elementos geográficos de su entorno que ni siquiera se acercan al nombre con el cual se conocen.

Acaso todo comenzó allá por 1492, el vigésimo séptimo día del mes de noviembre, cuando el Almirante Cristóbal Colón divisó en tierra baracoense una montaña alta y cuadrada con apariencia de isla. Debido a su forma, este promontorio de 575 metros de altura sobre el nivel del mar comenzó a ser conocido como el Yunque de Baracoa, el más famoso y simpático engaño geográfico de esta zona oriental de la Isla, sin más hierro que el de su propio nombre.

baracoa ana
Iglesia de Baracoa

Al parecer, a Baracoa esta herencia le llega de lejos, tal vez desde aquella época remota en que sus habitantes se vieron precisados a hacer un pacto amistoso con las huestes de la piratería, absolutamente hastiados de los continuos asedios que sufría la población. Durante una buena temporada esta ciudad fue el punto de encuentro más visitado por los piratas y corsarios. Allí depositaban sus botines y se escondían de sus perseguidores. Los escasos vecinos tenían la trabajosa labor de huir a los montes cuando les veían aparecer y después que se marchaban reconstruían la ciudad. En las postrimerías del siglo XVI, Baracoa era una guarida de los contrabandistas y corsarios que operaban en las aguas del Caribe.

Pero en Baracoa la vida no fue siempre así. Había sido la elegida por Velázquez quien desembarcó en el puerto de Palmas en el mes de noviembre de 1511 con 300 hombres, la bautizó con el nombre de Asunción, aunque prevaleció por encima de éste el de Baracoa, y fijó en ella su residencia. Los colonizadores erigieron un castillo que incluso fue artillado con piedras, un Ayuntamiento y, desde luego, una pequeña iglesia que seis años después, en 1518, se elevó a Catedral por gracia concedida por León X.

Baracoa pasó de ser la ciudad primada y preferida por su fundador Don Diego Velázquez de Cuéllar, a ser una región olvidada desde que en 1515 Santiago de Cuba se convirtiera en la capital del país. Las consecuencias de este hecho no se hicieron esperar. Tras el Gobierno marcharon todos los gobernados. Sólo quedaron en Baracoa unas cincuenta personas, aquellas que las atenciones de sus plantaciones y animales las mantenían atadas a esta tierra.

Por entonces, el nombre de Baracoa dejó de figurar inclusive en el Archivo de Indias y hasta el padre fray Bartolomé de las Casas pidió su demolición en 1520 por las reiteradas sublevaciones indígenas. Ningún sacerdote quería ir a probar suerte a una villa como Baracoa, donde la renta que producía el templo era demasiado escasa, amén de los peligros a que se exponían sus habitantes, asediados continuamente por desembarcos piratas. Aún en 1807, Baracoa recuerda el desembarco de una flotilla de corsarios ingleses constituida por 300 hombres, a bordo de una nave tristemente conocida bajo el nombre de Chinchester, que eligió la playa de Miel para entrar a la ciudad a tambor batiente. La segunda de las cuatro mentiras baracoenses, es que esta melosa bahía está bañada por las saladas aguas del mar. Popular por el humor del que hace gala su denominación, no puede olvidarse que fue testigo de hechos históricos como el antes mencionado. El fuerte Matachín, levantado en la parte sudeste de la cabecera de la ciudad entre 1739 y 1742 por orden del Capitán y Comandante de Armas de la villa, Pedro Oviedo, constituyó un importante sector de defensa que propició un contrataque espectacular. Este fuerte pasó a formar parte del cinturón de fortificaciones que aún hoy están rodeando a la ciudad de Baracoa.

Otra de las bromas geográficas de Baracoa está vinculada también a una elevación de menor altura que el Yunque, conocida como La Bella Durmiente y que hace pensar en el sosegado reposo de una mujer, despreocupada ante las inclemencias del tiempo. Puede hacer sol, aire, lluvia o frío. Ella sigue yacente sin importarle mucho el entorno. También se encuentra aquí la carretera o loma de la Farola, muy mentada durante las etapas finales de la Vuelta Ciclística a Cuba. Su ascenso sobre ruedas es una de las pruebas más duras a la que se enfrentan los competidores. Y a pesar de la luz que emana de su nombre, esta carretera alumbra bastante poco, con lo cual reconocemos aquí a otra de las falacias geográficas de Baracoa. No podemos olvidarnos del Reloj de agua, un manantial subterráneo que brota cada cierto tiempo y desaparece con la misma exactitud, con idénticos intervalos de tiempo comprobados. Esta es otra de las peculiaridades de Baracoa, que convierten su territorio en escenario de sorprendentes asociaciones de la naturaleza y el hombre.

Imagen de El Yunque de Baracoa, Cuba
Imagen de El Yunque de Baracoa, Cuba

Baracoa es uno de los pocos lugares de la isla de Cuba donde es respirable el ambiente diáfano de la naturaleza descontaminada. Andando por sus calles e infinidad de parajes, aún es posible toparse con descendientes directos de aquellos indígenas primitivos que han mantenido la raza casi intacta. Sus facciones los delatan. Los indios cubanos de esta zona de la isla eran de baja estatura y cortas extremidades.

La  piel de color aceituna, el pelo lacio y recio, pómulos salientes, arcos superciliares abultados y ojos hermosísimos. Podrían considerarse descendientes de aquellos aborígenes aquellas personas apellidadas Rojas, Rodríguez o Ramírez, si poseen estos rasgos físicos y habitan actualmente en algunas áreas de la misma Baracoa, Maisí, Yateras o la Sierra Maestra, todas ubicadas en la región oriental del país. En 1838 Baracoa recibió el primer escudo de armas que ostentara una ciudad en América, concedida por Real Orden de Su Majestad la Reina de España, doña María Cristina de Habsburgo. Reza en el emblema una inscripción en latín —Tempore primas— que la designa como primera en el tiempo. Y habría que agregar, la más hermosa y sorprendente.

3 thoughts on “Las mentiras de Baracoa. Cuba

  1. Amiga ,no sabia q escribieses tan lindo,sino hubiera sido por el reencuentro gracias a las amigas en comun del pre ,me gusto mucho el escrito,me enorgullese haber conocido a una escritora con tan lindas palabras,exitos amiga

  2. Muchas gracias Maribel : ¡Ha sido un reencuentro maravilloso! Hay tantas historias y momentos para recordar. Te agradezco el comentario y me alegra saber que te guste mi artículo sobre las curiosidades de Baracoa.

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