In Memoriam: José Manuel González Torga – El periodista riguroso y erudito

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Por María José López de Arenosa

Como lágrimas de otoño nos llega, con las primeras lluvias de la estación, la noticia del fallecimiento de nuestro ex presidente, José Manuel González Torga. Se fue demasiado pronto y lo hizo con la misma discreción con que había vivido.  Para la Asociación de Corresponsales de Prensa Iberoamericana su partida supone la pérdida de un referente humano y profesional.  Su sabiduría y buen juicio para llevar a nuestra Asociación a buen puerto en unos momentos especialmente difíciles merecen el reconocimiento y agradecimiento de la actual Junta Directiva y de todos los socios. Quienes tuvimos la fortuna de escucharle de viva voz y disfrutar su amistad, guardamos grabadas en la memoria y en el corazón su bonhomía y enseñanzas.

 

José Manuel González Torga nació en León, el 10 de abril de 1938.  Hijo de un notario de Riaño y una enfermera de Nava, cuya temprana pérdida lamentó siempre.  Heredó de sus padres la discreción, la sencillez y la sobriedad —en su caso casi espartana—, pero también una gran sensibilidad y sentido estético. Sus raíces asturleonesas, de los Picos de Europa, eran para él el patriotismo chico. Pero su patriotismo grande —como a él le gustaba decir—, era español; su “sentimiento prioritario, mecido, crecido y potenciado, sin esfuerzo, con naturalidad” —escribió— y afianzado a lo largo de toda una vida “en los entornos familiar, educativo y social, pero también en los paisajes y paisanajes” que tanto le gustó evocar.

 

Su infancia y adolescencia transcurrieron a merced de los destinos de su padre como fedatario público: Riaño, Horcajo de Santiago, Solares, Nava y Telde, lugar éste último al que la familia se trasladó huyendo de las amenazas de los “maquis”, como relató su compañero de colegio y amigo Fernando Canellada en un reciente artículo publicado en La Nueva España. Eran tiempos de comunicaciones precarias y para quienes vivían en un entorno rural el internado suponía el peaje ineludible de una buena formación.  En su caso ésta corrió a cargo de los jesuitas de Gijón y de Las Palmas, quienes marcaron en él su indeleble huella humanística.  De su breve temporada escolar en Madrid, con apenas ocho años, guardó siempre un grato recuerdo de don Pelayo, su maestro, en cuya casa se alojó por mediación de un pariente. Fue don Pelayo quien despertaría a tan temprana edad su afición por las librerías de lance y la bibliofilia durante el paseo diario por la Cuesta de Moyano de vuelta a casa a la salida del colegio Menéndez Pelayo.

 

Empezó sus estudios universitarios en Derecho, en la Universidad de La Laguna, y los siguió en Madrid, abandonándolos en el cuarto año por su verdadera vocación, el Periodismo, ingresando en la Escuela Oficial de Periodismo en el año 1958.

 

Erudición y rigor insobornable

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José Manuel González Torga revisando textos

Los desayunos familiares con mantecadas de Astorga, hechas por su madre con el papel barba de la notaría (por supuesto, sin timbrar) y las tardes leyendo en el despacho paterno, dejaron su impronta en su forma de ser y de trabajar como periodista cuasijurista, riguroso e insobornable. Sus escritos se distinguen por la riqueza y precisión de su léxico y por la pulcritud y sobriedad de su prosa. En todos ellos encontramos, como en una escritura notarial, el dato exacto; obtenido, no sólo de su prodigiosa memoria, sino de la erudición paciente, incubada en hemerotecas, archivos y su propia biblioteca, para dar una información sin mácula.  Pero también en la conversación tenía la fecha, el título, el autor, la cita exacta y la decía sin un titubeo y, mucho menos, pedantería.  Se podía estar en desacuerdo con su opinión, pero sus datos eran irrefutables. El papel de su cuaderno no tuvo doblez ni se arrugó jamás ante ningún poder. Tampoco su pluma, integérrima, soltó un borrón ni se inclinó para mancillar ni reverenciar a nadie. Firmó, en 1969, junto a más de 130 personalidades e intelectuales de la época, un escrito dirigido al presidente del gobierno pidiendo, entre otras cosas, el reconocimiento y derecho de los trabajadores a un sindicalismo autónomo, el derecho a la información de los ciudadanos y la libertad de asociación de cara a un futuro democrático. Un paso que, en plena dictadura, no estaba exento de valor, máxime siendo periodista. Con los años no escatimaría tinta para expresar su desencanto por el devenir de la política nacional. Ese sentimiento “prioritario” hacia España sería también su gran preocupación.

 

Casado con la doctora en Medicina Purificación Porro Villarrubí, con quien tuvo nueve hijos, inició su andadura profesional como redactor del periódico Hoy de Badajoz. Su integración en la vida cultural de la capital pacense y su provincia le permitió conocer a fondo la tierra y sus personajes ilustres y populares que quedaron inmortalizados en crónicas, reportajes y entrevistas. De estas últimas seleccionó algunas para su último libro, que no alcanzó a ver publicado.

 

Desarrolló su carrera periodística en todos los medios (prensa escrita, agencias, radio, televisión e internet) y cultivó todos los géneros: la noticia, el reportaje, la entrevista, el ensayo, la crónica, el artículo de opinión, la crítica literaria y cinematográfica… En 1965 se incorporó al primer periódico económico español, 3E (Economía Española y Exterior), del que llegaría a ser redactor jefe. De su currículum posterior, inabarcable en este espacio, cabe destacar la Hoja del Lunes, Nuevo Diario, la agencia Central Press -de la que fue director- y la revista Empresa Corporativa, que también dirigió. Trabajó durante más de veinte años en Televisión Española, donde llegó a ser subdirector de informativos y, en el mundo de la Radio, dirigió un programa semanal de Radio Exterior de España de mesa redonda. Fue, además, presentador y director del programa de entrevistas Primer Plano de Radiocadena Española para el que entrevistó, entre otros, a Rafael Alberti.

 

Experto en información confidencial

 

Tras su tesis doctoral, Fenomenología de los confidenciales como modalidad del periodismo, leída en 1994, y las investigaciones posteriores, se convirtió en el primer especialista español en la información confidencial como género literario y periodístico, impartiendo cátedra sobre la materia en numerosos ensayos y conferencias sobre lo que los gobiernos ocultan; asumiendo la frase del periodista estadounidense “Izzy” Stone: “Recuerden sólo tres palabras: los Gobiernos, mienten” y la de Claud Corkburn: “Nunca te creas nada hasta que lo nieguen oficialmente”.  Su desconfianza en el manejo de la información por parte de los gobiernos era absoluta, así como su convencimiento de la existencia de círculos de poder a nivel global moviendo los hilos tras bambalinas.

 

Durante las últimas décadas de su vida activa, hasta su jubilación en 2008, fue profesor —Maestro, con mayúscula y en el más amplio sentido de la palabra— en la Universidad San Pablo CEU.  Entre las tesis doctorales que dirigió, cabe destacar la de su gran amiga y colega Elsa González, actual presidenta de FAPE.

 

Periodismo zurupeto

 

Defendió apasionadamente la profesión a través de las numerosas asociaciones profesionales a las que se afilió.  Presidió la Asociación de Corresponsales de Prensa Iberoamericana (ACPI) y fue miembro, entre otras, de la Asociación de la Prensa de Madrid, en la que acababa de cumplir cincuenta años como socio. Fue socio del Club Internacional de Prensa y miembro del Consejo de Redacción de la revista Periodistas, de la Federación de Asociaciones de Periodistas de España (FAPE). Como presidente de la Asociación Nacional de Hemerotecas de España, dedicó a la hemerografía artículos y ponencias en defensa de la integridad y conservación del patrimonio editorial de la prensa española.

 

Acuñó la expresión “periodismo zurupeto”, adjetivo que alude al intrusismo en la profesión notarial (una vez más, la influencia paterna), como crítica al mal llamado “periodismo ciudadano” ejercido en internet por aficionados que ignoran, entre otras cosas, el código deontológico del periodista.

 

Autor de El periodismo en el laberinto

 

Su preocupación por el ejercicio periodístico quedó plasmada en su libro, El periodismo en el laberinto , publicado en 2013. En esta obra, que debería ser lectura obligada para los estudiantes de Ciencias de la Información, recogió su experiencia y, sobre todo, su conocimiento del mundo de la Información a través de un recorrido histórico que analiza su génesis y evolución, así como los retos que acechan al derecho de informar y de ser informado en la era digital.

 

 

Coautor de numerosos libros y fundador, en los años 70, de la editorial Dagur, hoy desaparecida, fue también miembro de jurado en numerosas convocatorias periodísticas y literarias a nivel nacional.

 

Maestro más allá del aula

 

Fue un lector voraz con un gran espíritu crítico que defendía sus convicciones con firmeza.  Conversador de lujo, con un anecdotario inagotable, escucharle era asistir a una clase de Historia, política, cine o literatura con la correspondiente declamación de poemas del siglo XVI, si la ocasión se prestaba para ello y, por supuesto, sin saltarse ni una coma y con la gracia y naturalidad que sólo da la inteligencia.  Su cultura y alto nivel intelectual y su generosidad docente traspasaron las paredes del aula y le llevaron a seguir investigando e impartiendo cátedra y sabiduría, gratis et amore, antes y después su jubilación en encuentros profesionales y académicos así como en los diversos medios, entre los que cabe destacar www.espacioseuropeos.com.  De estos últimos años, liberado de la tiranía de los horarios, nos deja como legado una amplísima colección de artículos sobre los temas y personajes que, por razones personales o de otra índole, atrajeron su curiosidad inagotable.  Cabe destacar las figuras leonesas que cultivó, como su paisano Antonio de Valbuena –flagelo implacable de los académicos de la Lengua— y su pariente el escritor y canónigo leonés José González, o el mercader castellano Simón Ruiz. Son estos textos amenos y eruditos, para leer despacio.  Un tesoro  que, pese a la dificultad que entraña su identificación por el uso de diversos seudónimos para algunos temas, merece ser recopilado para prolongar la estela de su magisterio y para deleite de las futuras generaciones. Escritos con el preciosismo que le caracterizó y nutridos del rigor de aquel niño que leía dos periódicos diarios y desayunaba mantecadas envueltas en papel de notaría y que, por encima de cualquier otra consideración, llamaba a las cosas por su nombre.  Porque, como solía decir,  “las cosas son como son”.

 

No hinches el perro”, me respondió con su proverbial modestia cuando le comuniqué hace unas semanas la decisión de la Junta Directiva de ACPI de hacer una sección de socios ilustres en nuestra página web, -ver enlace a continuación-, que se inauguraría con su trayectoria y que, desgraciadamente, no llegó a ver. Y ahora, mientras escribo estas líneas, siento que, a pesar de haberme extendido en este retrato por el que me acusaría de grafómana, me quedo corta

Socios Ilustres: José Manuel González Torga – Autor de El periodismo en el laberinto

 

 

Descansa en paz, José Manuel González Torga. Periodista, Escritor, Editor,  Maestro de periodistas, Doctor en Ciencias de la Información y mucho más.  Nos dejas huérfanos de tu sabiduría y echaremos de menos tu consejo prudente.  Intentaremos estar a tu altura, pero nos has puesto el listón demasiado alto. (1938-2016).

 

María José López de Arenosa

Secretaria General de la Asociación de Corresponsales de Prensa Iberoamericana

 

3 thoughts on “In Memoriam: José Manuel González Torga – El periodista riguroso y erudito

  1. Gracias María José, por escribir este artículo, qué retrato más brillante a la persona, al escritor, al periodista, a ese ser con el que tuvimos la suerte de compartir momentos de amistad, sencillo, y sobre todo, amigo de sus amigos. GRACIAS por recordar que nos dejó un gran legado a los que conformamos esta nueva Junta Directiva. Hermoso artículo María José López de Arenosa!!

  2. Indudablemente, José Manuel era especial. Lo sabemos todos los que tuvimos de oportunidad de conocerlo y compartir con él charlas y coloquios. Siempre con su comentario responsable, lúcido, amigable e inteligente. Nos ha dejado el listón muy alto en ACPI. Por eso, nuestra Asociación seguirá su ejemplo y como dice nuestra colega en la Junta Directiva, Patricia Larrea, tenemos un gran legado de José Manuel al que tendremos que mirar siempre. Desde ACPI agradecemos todas las condolencias que estamos recibiendo.

  3. Efectivamente, ha sido un Maestro -con mayúscula. Una gran persona. Un hombre sabio a quien estaremos eternamente agradecidos por su generosidad con lo más valioso que alguien puede dar a los demás: el tiempo y el conocimiento.
    Seguir su ejemplo, leer sus textos y perpetuar su legado para las siguientes generaciones son la gran tarea a la que sus discípulos debemos dedicarnos para agredecer e intentar la deuda que tenemos con él.
    Gracias, Maestro. Volveremos a encontrarnos.

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