El día 30, Coloquio Iberoamericano, organizado por ACPI

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El próximo martes, 30 del corriente mes de junio, en el auditorio del madrileño Centro Internacional de Prensa (calle María de Molina nº 50, 2ª planta), se celebrará la primera edición de Coloquios Iberoamericanos, organizados por ACPI, con la inclusión de dos temas, estrechamente relacionados con sendos países de aquella pluralidad de naciones.

Para abrir la sesión se cuenta con la presentación del libro de relatos sobre Cuba, titulado “Vidas pintadas para sobrevivir” de Ana Lucía Ortega. Esta escritora y periodista es miembro de Acpi y, desde el año 2000, publica crónicas en la sección de viajes del periódico estadounidense “El Nuevo Herald”. Había sido guionista y realizadora de los Servicios Informativos de la Televisión Cubana.

Ana Lucía Ortega, natural de La Habana, es autora de dos libros anteriores: “Iglesias de Cuba” y “Museos de Cuba”, publicados por Agualarga Editores, firma española.

Intervendrá como presentadora de la obra más reciente de Ana Lucía Ortega, la también activa corresponsal y miembro de Acpi, Sully Fuentes, a quien se debe el prólogo del libro.

A continuación, tendrá lugar el visionado del documental antropológico y arqueológico, realizado en Perú por Javier Expósito Martín, “Ventarrón, un proyecto de vida”.

En el aspecto arqueológico, dio motivo para el documental el descubrimiento, por un grupo de arqueólogos dirigidos por Walter e Ignacio Alba, del templo indígena más antiguo de la costa norte del Perú y junto al mismo el mural más remoto en el tiempo de dicho país. Este hallazgo ha supuesto, por sus consecuencias, la transformación en la vida de los habitantes del Centro Poblado Ventarrón.

El profesor Javier Expósito Martín residió en Perú durante tres años, realizando documentales e impartiendo Talleres de Cine Documental.

Actuará como moderador de la sesión, con los respectivos coloquios a que haya lugar, José Manuel González Torga, presidente de la  Asociación de Corresponsales de Prensa Iberoamericana (ACPI).

Angel Bonomini o la vital metáfora

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Por Jorge de Arco

 

Nacido en Buenos Aires en 1929 y fallecido en 1994, Ángel Bonomini comenzó a publicar sus primeros poemas en la prestigiosa revista “Sur”, que dirigiera Victoria Ocampo.

Encuadrado dentro de la llamada “Generación del 40”, compartió estética y amistad con  algunas de las voces más altas de la poesía argentina. A pesar de lo complejo que ha resultado para la crítica establecer unos nexos comunes que aglutinasen el sentir de aquella hornada de escritores, en todos ellos, pareció anidar una notable inquietud metafísica, una aroma de existencialismo religioso y, por ende, un retorno al humanismo tradicional.

Otro rasgo de esta generación poética fue el hallarse formada por poetas provenientes de distintas regiones argentinas, y el integrarse, al mismo tiempo, en revistas de Buenos Aires y del interior del país. Luis Soler Cañas, uno de los estudiosos de esa generación, anotó al respecto, que el signo común vendría dado por construir una poesía de esencias nacionales, ligada en profundidad a lo entrañable de la patria. De ahí, la apuesta por una lírica que abarcara el sentimiento geográfico y el espiritual, sin dejar lado, una poesía no deshumanizada ni ajena a las más cálidas o íntimas vivencias del hombre.

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Ángel Bonomini fue periodista, crítico de arte, traductor, cuentista -está incluido en la famosa “Antología de cuentos argentinos”, preparada por Bioy Casares-, y poeta de obra escasa pero sobresaliente. Ahora, la editorial Pre-Textos, da a la luz, “Torres para el silencio y otros poemas”, una atractiva muestra de los poemas del vate bonaerense. En el volumen, se integran además, textos de su libro, “De lo culto y lo manifiesto” (1991) y de su breve plaquette, “Poética”.

 

El aliento lírico de Bonomini parte de una doble coartada: el poder del silencio y la reivindicación del alma humana como fuerza creadora.

Consciente de que el hombre necesita un espacio distinto y cómplice para completar su diálogo con su existencia, escribe: “En otra realidad/ cuyo espacio es de piedra/ estamos socavados,/ en hueco y en vacío,/ sin tiempo, pero con nuestro rostro verdadero/ en la forma acabada de nuestra libertad,/ el resultado final de nuestros actos”.

 

El discurso de Ángel Bonomini viene signado por un decir preciso, sobrio, ajeno a cualquier retoricismo, y en donde sobresale una voz unívoca y solidaria frente al entorno que lo rodea: “Hay playas vacías/ donde el sol cae confuso/ en forma de castigo o de consuelo,/ pero estamos preparados/ para esa confusión/ y en ella nos gozamos.

 

Además, su verso, es un autorretrato de su propio devenir vital y poético, del mensaje inspirador que guarda su almado cántico: “Se trata de buscar la palabra/ para callarla”.

Detrás de esa intención, Bonomini dibuja un bello paisaje desde donde inventariar la sed y la certeza que culmine el proceso lírico: “Consiste en crear una ventana:/ súbitamente surgirá un paisaje/ único, infinito/ y el misterio trepará a los ojos”.

 

En su citado, “De lo oculto y lo manifiesto”, perdura la intención de que su verbo siga creciendo y madurando junto a su mensaje primigenio: “Así la poesía/ ha de buscar la voz modificada/ por la materia del silencio”.

Con un aire nostálgico, de reveladora sabiduría, Bonomini pretende desvelar la esencia de su propio destino y, por ello, su mirada se detiene en su mejor verdad:  “Vivir/ es sólo metáfora”.

 

En suma, una bella compilación, que enriquece los sentidos y se refugia en la esperanza del corazón como memoria íntima del ser humano.