Laura Forchetti, donde nace la noche

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Por Jorge de Arco

 

“Creo en la noche”, escribió Rainer Maria Rilke. Estas palabras del gran poeta europeo las he conocido -y recordado- siempre en nuestra lengua, pero lo que no he llegado a descubrir es si su autor recurría al verbo “crear” o al verbo “creer”.

Lo traigo aquí, tras la lectura de “Donde nace la noche”, el libro ganador del VII Premio Internacional “Ciudad de Orihuela” de poesía infantil, que ha recaído en la escritora bonaerense Laura Forchetti. Maestra en estimulación temprana y retardo mental, se ha formado como animadora a la lectura y la escritura en el ámbito de la literatura infantil. Coordina talleres literarios para niños y adultos en su ciudad natal y había publicado hasta la fecha, tres poemarios: libros de poemas “Temprano en el aire” (2012), “Cartas a la mosca” (2010) y “Cerca de la acacia”, pero el recién premiado en Orihuela es el primero que dedica a los pequeños lectores.

 

“Donde nace la noche” es, sin duda, un volumen singular. En nota editorial se dice que tiene a Emily Dickinson como fuente de inspiración, “por su talento para captar el alma de los seres vivos y la materia inerte que los rodea.” Puede ser. Pero cuando hablo de singularidad,  estoy refiriéndome a la plasmación de su pensamiento lírico en el poema. Metro y rima no son prevalentes, como suele ocurrir en la poesía destinada  a los niños; sólo la asonancia aflora sin insistencia, en tanto los versos se enlazan con una mansa fluidez, rumbo a un final con frecuencia inesperado: “-¿Con quien habla el mar, Violeta? -El mar no habla, piensa./ Cabeza del mar se cuenta los cuentos/ mas antiguos/ del mundo./ Que sí que no/ que sñi que no”.forchetti

 

El mexicano Xavier Urrutia dejó escrito: “Todo en la noche vive una duda secreta”. Forchetti sabe muy bien de esa vivencia, de ese secreto y de esa duda: “Ruedan los secretos por la arena”-, dice, en tanto, por sus versos va la luna, se arrastra la pata chiquita del escarabajo, vuelan las gaviotas, vienen y van las golondrinas, al tiempo que Saturno se convierte en una araña amarilla que cuelga de Venus. Y todo va ensamblándose en el poema con “sosiego y serenidad”. Si el niño lector alberga en su alma tales dones, podrá disfrutar alcanzando ese ámbito de claridad ——-, donde nace la noche, y donde los versos se tornan mensaje sugeridor: “Para mirar al cielo/ mar adentro/ me acuesto en el bote/ de espaldas./ Dale,/ llévame esta noche./ Dale,/ que nos empuja el viento./ Dale,/ que se abre Venus como un pañuelo./ Pañuelo celeste/ de la tarde/ nos dice adiós./ Pañuelo encendido/ de la noche/ recién llegada”.

 

Este libro de Laura Forchetti, editado con su buen gusto habitual por Kalandraka, ha sido ilustrado, con delicadez y buen pulso, por la también bonaerense María Elina Méndez. Confluencia argentina de saberes.

 

Laura Forchettti une su nombre a los de los seis ganadores de este premio que la han precedido y que dejo anotados: Beatriz Osés, Pedro Mañas, Beatriz Giménez de Ory, Ramón Suárez Caamal, María José Ferrada y María Jesús Jábato.

El tambor del alba

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Por Jorge de Arco

 

Tres años después de la publicación de “Los motivos del salvaje”, Ángel Antonio Herrera(1965) da a la luz su sexto poemario, “El piano del pirómano” (Calambur. Madrid, 2014), galardonado con el premio “Barcarola”, en su XXIX edición.

En su anterior entrega -ya citada-, el poeta albaceteño incluía en su pórtico una cita de Pablo Neruda: “Escucho a mi tigre y lloro a mi ausente”. Ahora, en uno de sus textos iniciales, anota: “He venido a fundar una métrica del tigre, un cuaderno de añadidura cuya lira arañe en lo ahondado, un parlamento de mágicas lámparas donde pueda verse que hay en el tambor del alba un daño dormido”.

Con esta intención profunda y totalizadora, se vertebra un volumen que sirve como desahogo confesional y que ahonda en los mimbres que sostienen el decir de su ayer y su mañana: un flujo torrencial, pero riguroso, cuyo cántico se crece de daño y de dicha, y que deviene en un discurso enajenado y ferviente: “No estoy con la suerte que evita la selva, ni entiendo que sea la vida sin un desván salvaje. Amo la noche de escultura parecida al relámpago (…) Sigo ensayando una santidad de incendio para volver a las andadas, un desperfecto de ternura para mejorar el recuerdo siguiente”.

Para esta ocasión, Ángel Antonio Herrera ha elegido la prosa poética -aunque también podría tratarse de un versículo dilatado y sonoro-, y lo ha hecho, según el mismo declaraba días atrás, porque  “quería para este libro de excesos un molde de desmesura, o sea, ningún molde. Para que el lenguaje trabajara libérrimo, barroco hacia dentro y viajara lejos. Se trataba de escribir a lo ancho, con todo el desacato al galope musical”. Ese galope, en ocasiones, desbocado, esa desmesura, en otras, arrolladora, tiene tras de sí el oficio de un escritor que se afana en descifrar su íntima conciencia y ofrecerla -febril o desconsolada- a corazón abierto.piano piromano

La tensión lingüística que destilan estas páginas, la compleja comunión que asoma por entre la orfandad de su verso y la audacia de su verbo, la intensa y extensa concentración, al cabo, a la que somete al lector, suman atractivos para que las notas de este piano se incendien frente al cristal de un yo lírico nostálgico y deudor: “Me sucede la intuición del desconsuelo y la molienda de la melancolía. Con mi largo revólver avalo al que prefiere la incógnita. Me inspiran epístolas de vampiro, las plácidas muchachas que al atardecer se perfuman para nadie”.

Detrás de la piel candente de las palabras, hay una temática que roza la tristura, la muerte (“qué último carbón se emociona si pulso la pureza de la mácula de aquel septiembre cuando se acabó una madre que fue la mía”), la soledad, el miedo…, pero también el amor, que con fiereza y sin tardanza, se ovilla entre la necesaria y almada certeza que reclama todo ser humano: “El verano me ama. Mato la negrura con metáforas. Entreno la veteranía de sorprender a la belleza entre dos riesgos. Un día mejor, amé en el sur, tuve padre, dije paraíso”.

Poesía, en suma, escrita desde los adentros, que se llueve en su costumbre y en su porvenir y que anhela desvelar la frágil ebriedad de la existencia, “la médula de la dicha”.

CES recibió el Premio de Cooperación 2014

CES ENTRADA

 

ACPI otorga el Premio Cooperación 2014 a la Escuela Superior de Imagen y Sonido (CES) por sus méritos en la formación de periodistas iberoamericanos.

El premio supone el reconocimiento a una labor continuada de más de treinta años de cooperación en el sector periodístico. Muestras de ello son el Máster de Periodismo Audiovisual que se imparte en la Sede de CES y la colaboración prestada a la Maestría de Comunicación Audiovisual de la Universidad Internacional de Andalucía en la Sede Iberoamericana de la Rábida.

La entrega de una placa conmemorativa, que nuestro Presidente José Manuel González Torga hizo al Gerente de CES Francisco García Romero tuvo lugar en los Jardines de Cecilio Rodríguez del Parque del Retiro de Madrid, en el contexto de la entrega de premios de Periodismo 2014 que organizó el Club Internacional de Prensa.

El acto contó con la presencia de la Vicepresidenta del Gobierno Soraya Sáenz de Santamaría y de la Alcaldesa de Madrid Ana Botella Serrano, quienes resaltaron la importancia de la labor periodística en los momentos de cambio y crisis en que vivimos.

CESpremiocooperacion

Entre los galardonados por el Club Internacional están el periodista Fernando Jáuregui Campuzano por su trayectoria profesional, Tobías John Buck por su trabajo de corresponsal extranjero en España, Ignacio Cembrero por sus trabajos periodísticos en el Exterior, Kenji Goto por su defensa de los valores humanos y la Casa de América por su meritoria labor informativa. Por la Asociación de Periodistas Árabes de España fue galardonada la escritora y periodista Lola Bañón Castellón.

Desde ACPI reiteramos a CES nuestra satisfacción por este reconocimiento y hacemos votos para que esta cooperación entre las dos instituciones continúe en el futuro.