Visionado y coloquio en torno a Luis Pancorbo, organizado por ACPI

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El próximo miércoles,  18 de febrero, a las 12 de la mañana se celebrará, en el Centro Internacional de Prensa (María de Molina, 50, 2ª planta, en Madrid), un visionado seguido de coloquio, en torno a Luis Pancorbo, sobre el tema “Amazonía, tribus, petróleo y sangre”.

Lo organiza la Asociación de Corresponsales de Prensa Iberoamericana (ACPI), cuyo presidente, José Manuel González Torga, actuará como presentador y moderador. La referencia en imágenes será un programa sobre la Amazonía Ecuatoriana, de la serie de TVE “Otros pueblos”, que Pancorbo dirigió y presentó con reconocido éxito a lo largo de muchos años.otrospueblos

Luis Pancorbo, burgalés,  es un periodista,  antropólogo, viajero y explorador de culturas y lugares remotos.  Así fue el primer  español que pisó el Polo Sur, en 1969.

Doctor en Ciencias de la Información, su trayectoria profesional está muy vinculada a Televisión Española, primero como corresponsal en Italia y Suecia y luego como reportero en programas como Dosier (1978), Primera Página u Objetivo (1981).

Sin embargo su iniciativa más ambiciosa y la que mayor respaldo ha logrado es la serie de documentales titulada Otros pueblos, que comenzó a emitirse por TVE en 1983 y que ya en 2010 alcanzó los 130 capítulos.

En agosto-septiembre de 2010 en la 2 de TVE, y a las 14.40, alcanzaba  cada jornada una audiencia  en torno a 300.000 espectadores.  En 2007 obtuvo cuatro galardones en festivales internacionales de documentales, en Nueva York, Hamburgo, Sofía y Sichuan (China).

En septiembre de 2011 se publicó su libro “Los dioses increíbles”.  En mayo de 2012 ha aparecido su nueva obra “Selva de culturas. Exploraciones antropológicas”.

Donde la niebla hiere

depoesiaIberoamericana

 

Por Jorge de Arco

En la región de Nod

 

Galardonado con el XVII Premio de Poesía Ciudad de Salamanca, “En la región de Nod” (Reino de Cordelia. Madrid, Diciembre de 2014), supone el octavo poemario de Carlos Aganzo. Este madrileño del 63 -actual director de “El Norte de Castilla”- lleva años alternando su labor periodística con su tarea literaria, la cual se ha visto refrendada con premios tan importantes como el “Jorge Guillén”, “Jaime Gil de Biedma”, Nacional de la Letras “Teresa de Ávila”, etc.

En esta ocasión, su decir se sitúa en la región de Nod, un árido territorio, donde según el Génesis, habitó Caín tras dar muerte a Abel, y donde, a su vez, la memoria se convierte en protagonista al preguntarse -¿preguntarnos?- por el perdón y por la culpa que anidan en la conciencia humana.

Conformado por veintiséis poemas -más un pórtico y una coda-, el volumen se vertebra como un cántico único, donde el sujeto lírico indaga en la Historia del Hombre como forma de reinterpretar el drama humano, de rescatar del abismo aquella vida desposeída, hurtada por el odio y el rencor: “En la tierra de Nod/ por donde pasa el río/ infestado de lodo y de vergüenza./ Donde los hombres hacen holocaustos/ por mandato divino./ Donde la niebla hiere y se congela,/ los terrones son duros y las gentes/ cierran puertas con llave./ En la región de Nod viven mis ojos (…) En la región de Nod viven mis huesos”, reza el “Poema inicial”.regiondenod

Al hilo de este inquietante escenario, va creciendo, la necesidad de trazar un paisaje renovado, distinto y distante del daño, desde donde hacer crecer la esperanza, desde donde poder creer en un futuro que torne olvidanza el desconsuelo: “Y la lluvia vendrá y se irán con ella/ la clausura, el dolor, la culpa, el frío./ Los aullidos del viento./ Consuélate, por fin febrero es corto./ Ya no puede tardar la primavera”.

En una reciente entrevista, afirmaba Carlos Aganzo:  “Desde que Caín se marchó el este del Edén, la especie humana no ha dejado de vivir en conflicto permanente. De ese conflicto, tanto el personal como el social, es de lo que habla este libro”. Pero, además de esa incesante pugna, en este territorio estéril y desabrido, late una verdad sin disfraz: el amor. A través de su fe, de su pulsión sin máscaras, el hombre podrá ver reflejadas en el espejo de la acordanza sus antiguas y erróneas experiencias y volver lumbre la temerosa oscuridad por donde vagara: “Y en el ardor, amor, la penitencia./ Y en el ardor la edad y la incontable/ presencia de las sombras./ Y en el ardor las noches fascinantes/ de lunas incendiadas/ por la espada del ángel vengador/. Deja al fin que tu fuego/ se haga fuego en mis manos./ Que se duerman las voces en tu vientre”.

Así pues,desde el terrestre amor nerudiano que abrasa y ciñe las páginas del conjunto, brota también una acentuada espiritualidad -rasgo común en anteriores entregas del vate madrileño- que no pretende ser dogmática, sino que invita a la reflexión profunda, al escrupuloso análisis del alma humana, tan próxima desde sus orígenes a las maliciosas tentaciones: “Escrito está con fuego en nuestra frente./ A imagen del profeta,/ así fuimos creados:/ carnívoros y ansiosos,/ forjadores de imperios,/ soñadores de sed con trascendencia”.

La dicción lírica de Carlos Aganzo halla en esta entrega una madurez sobresaliente. Su discurso, viene aderezado por una inusual potencia metáforica, que se une a imágenes llenas de pictórica plasticidad. La voz secreta de la auténtica poesía resuena en este libro mediante una verso meditativo, de aroma sanador, que se torna cómplice y enérgico.

La mayor parte de los poemas, encierran un eficiente compromiso moral que se anuda a un tiempo y un espacio donde vibra el profundo palpitar del hombre y su costumbre, y que encuentra su culmen en el excelente poema final, “Meditación frente al sepulcro”: un extenso y emotivo himno que pone broche a un libro lacerante por sincero, encomiable por corazonado:

Es la sange de Abel

clamando tras la tierra,

la que exige que siga en el camino

buscando el paraíso;

tierras, mares, montañas innombradas,

asonadas de amor,

laberintos floridos, candelas en la noche

 

Aunque no digas nada.

Aunque apure la tarde su ternura

de cirros y cornejas

sobre el silencio triste de los muertos.