Pintar en verso la vida

depoesiaIberoamericana

 

Por Jorge de Arco

 

La obra poética de  Cristina Cocca viene a corroborar que nadie mejor que el poeta para iluminar con sus versos el misterio de la existencia, y a través de su memoria, abrirse camino para encontrar el brillo y la verdad que lo alumbre y lo guíe.

Esta española nacida en Buenos Aires, con varios poemarios ya editados y muy distintos galardones que han reconocido su sabio quehacer -“Pastora Marcela”, “Villa de la Roda”, “Provincia de Guadalajara”, “Villa de Iniesta”-, obtuvo con “Claroscuro para escribir un cuadro” el XII premio Nacional de Poesía “Ciega de Manzanares”.Pintar en verso

En esta ocasión, Cristina Cocca ha recurrido al ámbito de lo cromático para iluminar un volumen que tiene en el Amor su referente más explícito. Con emotividad, con una sencillez no exenta de una elaborada imaginería verbal, va vertebrando un discurso donde el yo lírico no esquiva la batalla con su propia conciencia; de ahí, que sus versos, deriven en una realidad palpable y confesional, que acerca al lector hasta los adentros de su sentimentalidad: “Porque yo quise, amor,/ pintar sobre la vida. Que nada fuese oscuro/ ni nada amortajado, que respirara el sol/ en el agua sin fin de mi acuarela./ No te engaño si digo que pude terminar/ un apunte de luz/ a medias con las sombras./ Y así, en claroscuro,/ se quedaron mis lienzos para siempre”, confiesa la autora en el poema que sirve de pórtico: “A modo de prefacio”.

Dividido en cuatro apartados, “Aproximación a un cuadro de luz oculta”, “Iniciación a todos los paisajes”, “Culminación de luz sobre fondo oscuro” y “A modo de final”, el volumen mantiene en sus páginas un hilo común y solidario, que va ovillándose al par de un búsqueda en donde el recuerdo sirve para indagar en la misma vida, y que lleva al sujeto poético a preguntarse quién ha sido y quién es.

Ese paisaje interior, que sacude el alma y surge a borbotones en forma de poema, tiene, a su vez, el remanso con el que Cristina Cocca adorna su decir, para hacerlo más verdadero: “Y tal vez, cuando abramos las ventanas,/ se prenderá otra luz en las paredes./ Ya no será la lluvia/ quien le dé su color a los retratos./ Se tornará esa luz en llama viva,/ volcán enardecido/ al encender tu cuerpo./ Y con su claridad/ dibujaré tu rostro/ allí donde mis dedos dibujen la esperanza.”

 

La nostalgia, es también protagonista de este cuadro de sentimientos y emociones, pues muchos de los instantes que sostuvieron el ayer, son ahora semejantes al tacto de una fotografía que amarillea de ausencia, al escalofrío que aún desordena el corazón. Sin embargo, el poder mirífico de la palabra, hace que  la protagonista de este estremecido himno de las deshoras, batalle contra la intemperie, luche contra las heridas que se tornaron duelo: “Y naceré otra vez ante tus ojos,/ mujer amanecida,/ mujer que te contempla”:

 

Cristina Cocca ha sabido proyectar al mismo tiempo un matizado cántico donde se concentre la exaltación de la vida, la infinita deuda con el arte, el fulgor incesante de la naturaleza y la exacta alianza con el verso  como mejor proceso de salvación cotidiana.

Rafael, Leonardo, Rembrandt, Sorolla, Hopper…, desfilan por entre estos poemas y dejan, a su vez, un fulgor de líricas pinceladas, de sobrios brochazos que parecen memorar las palabras del gran poeta norteamericano William Carlos Williams: “Conforme he ido escribiendo se ha consolidado mi idea de fundir el poema y la pintura en una misma cosa”.

 

Al cabo, un poemario signado por una acentuada musicalidad, que confirma la voz madurada y serena de una poetisa de verso feraz y auténtico.