Chefchauen, azul envolvente

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Por Juan Antonio Narro Prieto

Viajé recientemente al norte de Marruecos,  cerca de Tetuán. Concretamente,  a la “perla delnorte”, a “la ciudad azul”. Su nombre es Chefchauen, Chauen o Xauen. Cualquiera de los tresnombres la identifica.azul2

Es complicado expresar las sensaciones que el viajero experimenta cuando recorre este preciosolaberinto  azul  y  añil  de  calles  estrechas,  empedradas  y  serpenteantes.  Estamos  en  lasestribaciones de las montañas del Rif, en una localidad construida en las faldas de la montaña.Un lugar donde la belleza natural de un entorno único se funde con el minucioso trabajo de sushabitantes  que,  durante  siglos,  han  ido  moldeando  urbanísticamente  esta  ciudad  para  serreconocida internacionalmente.azul3

En mi última visita, hace pocos días, me comentaron que los vecinos pintan, hasta dos veces al año, paredes y suelos para mantener ese reluciente color. No es de extrañar que fuera y sea inspiración de numerosos artistas.

Se ha convertido en uno de los grandes destinos turísticos del norte de Marruecos, sin que ello suponga perder su esencia, su historia y su cultura rifeña. Frente al bullicio de grandes ciudades marroquíes como Tánger, Marrakech, Casablanca o Rabat aquí encontrarás, por las callejuelas de la medina, tranquilidad y paz. El tiempo corre más lento y las prisas parecen ser incompatibles con estas calles. Palabras como estrés pasaron de lejos de estas tierras.

Por su colorido y su luz es un paraíso para los amantes de la fotografía. Sin lugar a dudas, es cautivadora, seductora y atrayente. Si quieres relajarte tras una tarde de compras por la medina, nada mejor que sentarte en cualquiera de las terrazas de los restaurantes de la plaza Uta el Hammam (flanqueada por su imponente azul4Alcazaba y la gran mezquita). Estamos en el epicentro de esta parte de la ciudad.

Podría también hablarte de otra vertiente de Chefchauen como es su parte más moderna. No la olvido ni la aparco. Obviamente, te recomiendo que la conozcas. Sin embargo, nada supera al ambiente envolvente de una medina azul, de unas fachadas que “dan alas “a la imaginación, de un urbanismo tradicional rifeño que impacta nada más verlo. Viajar a Chefchauen es un sueño hecho realidad.

Estoy convencido que, cuando veas estas fotografías, pondrás su nombre en un lugar privilegiado de tu agenda de viajes. Puede, perfectamente, ser tu próxima escapada. Hazme caso, Chefchauen no defrauda. Es más, te atrapa.

Permíteme que me tome una pequeña licencia. Quiero, en vez de utilizar las palabras, orientarte con las fotografías que hice hace poco tiempo. Afortunadamente, el día amaneció soleado y pudimos ver en toda su plenitud el colorido añil que impregna la ciudad.

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Por esta razón, me permito “hablarte con fotografías”, “expresarme con instantáneas”, “escribirte con imágenes”. Este azul omnipresente de su medina va a ser el “leitmotiv” en este reportaje. Parece que toda la gama de azules de la paleta de un pintor estuvieran presentes aquí.

Deseo, en lo posible, que sientas esta ciudad, que te empapes de esa atmosfera con la que nos recibe una de las localidades más bellas de Marruecos.azul1

Por cierto, para los amantes de la naturaleza y el senderismo, muy cerca se encuentra el Parque Nacional de Talassemtane. Montañas, valles, riscos, cascadas de agua y bosques te esperan en una de las reservas naturales más importantes de Marruecos.

El cuaderno del alma de Nuno Júdice

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Por Jorge de Arco

 

Nuno Júdice

El orden de las cosas (Poemas escogidos 2000 – 2013)

Pre-Textos. La Cruz del Sur. Valencia, 2014

 

El pasado mes de noviembre, Nuno Júdice (Algarve, 1949) recogía en Madrid el XXII Premio Reina Sofía de Poesía Iberoamericana. Un merecido reconocimiento, sin duda, para un autor que, además de desempeñar su tarea docente como profesor titular de laUniversidade Nova de Lisboa, lleva más de cuarenta años al pie de la escritura. Narrador, dramaturgo, crítico, ensayista…, Nuno Júdice es, sobre todo, poeta.

Desde que en 1972 diera a la luz “La noción de poema” , su obra lírica está ya cercana a la treintena de títulos. En el año 2000, se editó en un único volumen –“Poesía reunida (1967 – 2000)”-, sus diecinueve primeros poemarios. Ahora, la editorial Pre-Textos, brinda al lector la oportunidad de acercarse a una muestra de la producción que el vate luso ha pergeñado a lo largo del siglo XXI. Juan Carlos Reche, que se ha encargado de seleccionar y traducir esta compilación, ha escogido sabiamente cuarenta y nueve poemas correspondientes a sus diez últimas entregas y ha nombrado este florilegio con un verso del autor, “el orden de las cosas”. En la nota a esta edición, el propio Reche, afirma que tal epígrafe, responde a una las claves temáticas de Júdice: “escrutar en la realidad para entender y explicar su funcionamiento, resaltando lo que nos une: los sentimientos humanos”.elordendelas cosas

En estos textos, en efecto, fluye una hilera común de contenidos que tiene que ver con las vivencias del hombre, con su relación íntima frente al discurrir del tiempo que se nombra y se sueña. A su vez, Júdice sabe dotar a sus textos de una cálida adjetivación, de precisas metáforas, de sólidas cadencias que convierten su decir en una verdadera fiesta para los sentidos: “El enigma, nos dice,/ soy yo: Este corazón que cabe/ en todos los cuerpos, y donde cada cual puede/ oír el suyo, aunque sólo el silencio/ nos rodee, al pasar por esta piedra, y/ descubrir, ínfima, en ella, toda la vida humana”.

 

En este volumen, el escritor portugués mantiene una línea coherente con su producción anterior, y sigue apostando por una poesía que no pretende la erudición, sino que reflexiona con hondura sobre el hecho de escribir desde una perspectiva muy  personal: “Me gustan las palabras exactas, las que aciertan/ el centro de las cosas (…) Intento incendiarlas cuando escribo, como si/ el fuego saliese de la frase, y se extendiera/ por el campo de la página en una devastación de sílabas”. Al par de estos postulados, en su cántico lúcido, tentador, se entremezclan  los territorios del ayer con las reflexiones del yo creativo, la indisoluble gramática del tiempo con la etimología del corazón: “Me gustaría/ que esta música te hiciera reír, y que todas las sombras/ desaparecieran de tu rostro cuando mi escritura / lo dibuja, con las líneas más puras de la mañana”.

 

Un anhelo de trascendencia, de constante superación,  acaricia estos versos en los que también cabe la agonía y la dicha, la luz herida o el sugerente  fulgor, mas tamizados, siempre, por una  acentuada delicadeza y un firme halo de narratividad. Sin embargo, Júdice, sabe cómo economizar su lenguaje y hacerlo más certero que denso, más transparente que abstracto. Incuso, cuando el amor -uno de sus grandes temas, que dio lugar a la edición en 2008 de la antología `Tú, a quien llamo amor´- entra en juego, su verbo sigue pleno de plasticidad y expone sus emociones con la necesariedad y verosimilitud que exige toda poesía auténtica: “Y así voy/ pasando el tiempo, coleccionando las estampas del instante/ en este cuaderno del alma al que prestaste tu sonrisa; y/ hojeo sus páginas, sin premura, sabiendo que tú, donde/ estés, me acompañas en este trabajo”.

 

Un poeta, al cabo, de serenos ecos, diverso y equilibrado, valedor de una realidad que lo acoge y lo inspira. Y sabedor, a su vez, de que su quehacer es una sentimental biografía de cuanto importa en la vida.

El rincón de Carlos Murciano

 

 

LA VIDA
Por lo breve…, es el tiempo de un respiro;
un relámpago; el cruce de una estrella;
un parpadeo; un goce; una centella;
una germinación; un beso; un tiro;

un do de pecho; un brindis; un suspiro;
una flor en un búcaro; una huella;
una amistad; lo bello de una bella;
una promesa; un éxito; un ¡te admiro!

un convertirse en público, un secreto;
un pasar de cadáver a esqueleto;
un naufragio; una rúbrica; una bruma;

un rubor; un crepúsculo; un asueto;
un eclipse; una boda; un sí; una espuma;
un amor; una dicha… y un soneto.

Enrique Jardiel Poncela

(España, 1901 – 1954)