Existe otra vida: nómadas en KYRGYSTÁN

nomadas

 

Por Francisco Gavilán

 

Uno de los aspectos más sorprendentes de este país, atravesado durante siglos por viajeros de la Ruta de la Seda, es que los nómadas aún pueblan sus estepas con un estilo de vida genuino, prácticamente inalterado desde hace siglos, y en unos escenarios apenas pisados por el hombre.

Cuando supe que iba a viajar por enésima vez al Asia Central, me embargó la emoción ante la expectativa de vivir nuevas y enriquecedoras experiencias. Entre ellas, la de convivir unos días con los nómadas de Song-Kul, en Kyrgystán. Porque los que, con el paso de los años, nos consideramos más viajeros que turistas, no soñamos con monumentos ni paisajes espectaculares, sino que anhelamos experimentar nuevas emociones. Tras aterrizar en Bishkek, la capital, una ciudad moderna y desarrollada, enseguida nos dirigimos a la región de Song-Kul junto al mágico lago del mismo nombre (3.250 m.), en el centro del país, en busca del campamento nómada que iba a acogernos, el cual, a juzgar por la duración del viaje, parecía estar al fin del mundo.

Supervivencia del nomadismo

Para entender el significado de “los últimos nómadas”, es preciso leer la historia de esta orgullosa e independiente estirpe del Asia Central. Algunos investigadores podrán argumentar que hay otros nómadas en el mundo. Es cierto. Pero ninguno de ellos mantiene sus tradiciones y estilo de vida tan intensa y fielmente como los nómadas kirguises. Un estilo de vida simple y sin artificios, en un escenario cuyos alrededores permanecen vírgenes. Hay algo mágico –no místico—en esta pureza intacta de la naturaleza que atrapa tu corazón desde el primer momento.

El origen real de los kirguises se pierde en la noche de los tiempos. Todo cuanto pueda decirse con veracidad de ellos, es que se trata de una antiquísima raza que resistió conquistas, represiones, opresiones, y persecuciones en todas las épocas. Pero, pese a tan convulsa historia, los kirguises han conseguido mantener sus tradiciones y valores. Su entorno ha moldeado no sólo su destino, sino también su carácter, con auténtico estilo nómada. Son, con toda probabilidad, los más hospitalarios del mundo. Satisfechos de compartir hasta el último mendrugo de pan con su invitado o con cualquier viajero que se acerque a visitarlos. Para los nómadas kirguises, interesarse por ellos y compartir su exótica vida entre caballos y ovejas, supone un preciado regalo. Y, qué duda cabe, también para el visitante es un inolvidable deleite experimentar su genuina hospitalidad, algo difícil de encontrar hoy, a pesar de que no hay periodista de turismo que no alardee tópicamente de haber hallado esta generosa habilidad social en cada uno de los destinos en los que recala. Tan interiorizada está su hospitalidad, que al nómada kirguis le resulta ofensivo que su invitado rechace cualquier ofrecimiento de su parte. En este sentido, este escritor tuvo que beber otra vez kymiz –la primera fue con otros nómadas kazajos—, la bebida nacional, que no es otra cosa que leche ordeñada de yegua, de agrio sabor para cualquier occidental acostumbrado a edulcorar la leche de vaca o aromatizarla con café o cola-cao. En agradecimiento por su hospitalidad, el invitado puede ofrecerle algo suyo: un reloj o cualquier otro objeto personal.

Por otro lado, debido a sus tradiciones, los kirguises nunca han elaborado una oferta alimenticia amplia. Eso, sí, lo que hacen, basado en sencillos ingredientes (pan, carne, queso, patata, arroz, etcétera) es muy sabroso y de fácil preparación (El té nunca falta). Aunque en los funerales y ritos de boda –estas ceremonias siempre han jugado un importante papel en la cultura nómada—los platos son algo más sofisticados. E incluyen, por lo general, la matanza de un cordero –también en honor a algún invitado, como fue nuestro caso— proceso que se debe presenciar no sin cierta zozobra. En primer lugar, dos miembros de la tribu persiguen al rumiante inmovilizándole y atándole las cuatro patas en un solo nudo. En esos instantes previos a la matanza, la mirada del animal, entre asustada y triste, te atraviesa el alma. Tienes el convencimiento de que intuye su final. Después, siguiendo las prácticas rituales nómadas, se le degolla cortándole la vena yugular y la arteria carótida. Así se procede al desangramiento, al que le sigue la desmembración del cuerpo. Una experiencia no apta para almas sensibles.

Empatía con la naturaleza

Los kirguises son absolutamente empáticos con la naturaleza. Esto se ejemplifica muy bien, entre otras facetas, en su orgullosa relación con los caballos. Los kirguises y los caballos son sinónimos. Su dominio del caballo es legendario. Lo gobiernan desde tiempos remotos, sin tener que usar las manos, que les quedan libres para disparar armas y defenderse de sus invasores. A los niños se les enseña ya a cabalgar a los indomables antes casi de que aquéllos sepan andar. El caballo ha sido –y aún es—la principal forma de transporte, y, como consecuencia de su maestría con él, la mayoría de los deportes en Kyrgystán están relacionados con el caballo. Como el At-chabysh, una carrera en la que un joven montado tiene que atrapar a una muchacha también montada en su corcel. Su premio: un beso. De hecho, la forma tradicional en la que un joven kirguis consigue esposa es fijándose en una de las chicas que le gusta y llevándosela en su caballo. Sin embargo, en este sentido, en ciudades y pueblos predominan otros métodos más sutiles para que el hombre pueda proponer nupcias a la mujer sin temor a equivocarse: si ésta lleva una única trenza colocada sobre el hombro derecho hacia adelante, significa que está casada; si por el izquierdo, soltera, y si la trenza cae libremente sobre su espalda, la viudez es su estado civil.

Yurtas, un prodigio de fácil arquitectura

Una de las razones por las que el estilo de vida de estos nómadas ha permanecido prácticamente inalterado durante siglos, ha sido por el fácil ensamblaje y desensamblaje de sus viviendas, llamadas yurtas. Una especie de tienda de campaña de fieltro amueblada de forma refinada. Incluso hoy, las yurtas son de uso común por los pastores, que pasan la temporada de verano en las vastas y altas montañas con sus rebaños. Hay distintas formas de colocar y distribuir el alfombrado espacio de una yurta. La regla más básica es que debe encararse hacia el Sur. Su interior se divide en zonas funcionales. En el lado opuesto de la puerta, se ubican los baúles en los que se guardan las mantas y los utensilios más valiosos. La parte derecha pertenece a la mujer, en la que se encuentran los enseres que ella utiliza, así como las ropas de los niños, mientras que la parte izquierda corresponde al hombre y ahí almacena las sillas de montar, las bridas, etcétera. Otras yurtas sirvan de comedor y dormitorio. Pasar la noche en una yurta cambia la percepción del tiempo y de la vida misma. Un día, al anochecer, le pregunté al nómada “senior” cómo sentían ellos su estilo de vida móvil. Su respuesta, digna de enmarcarse, fue: “Un hombre debe moverse porque el sol, la luna, las estrellas, los animales y los peces se mueven. Sólo la tierra y los seres muertos permanecen donde están”

Información sobre Kyrgystán:

Capital: Bishkek
Superficie: 198.500 Km.2 (como Austria y Hungría juntas)
Población: 4.823.000 habitantes
Gentilicio: Kirguiz
Gobierno: República unitaria
Moneda: Som
Idiomas oficiales: kirguis y ruso

Cómo llegar: Aeroflot tiene vuelos desde Madrid a Bishkek con escala en Moscú. Para el desplazamiento a Song Kul/ Issyk-Kul, hay que hacer noche en alguna Guest House de Kochkor. Este tipo de casas son de estilo rural, en las que el visitante tiene la oportunidad de convivir con una familia y degustar su gastronomía.

Más info: CBT Tourism: Myrza Ozubekov: Tel. (03535) 22355; e-mail: cbt_kochkor@rambler.ru
Promoción: European Centre for Eco and Agro Tourism (ECEAT); Minahassastraat,1 (office 201) 1094 RS Amsterdam. Tel. +31-20-6630479

Francisco Gavilán es escritor y psicólogo. Ha viajado a más de cien países, y convivido con otros nómadas en Kazajistán, así como con indios mapuches en los Andes chilenos. Ha publicado numerosos artículos de viajes y también libros de autoayuda, traducidos a varios idiomas, incluso al coreano o ruso. www.franciscogavilan.net

Halloween

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Por Vicente López Pérez

 

Desde hace algunos años, esta celebración de origen celta muy difundida en la cultura Anglosajona desde finales del siglo XIX, principios del XX, ha conseguido instalarse entre nosotros con tremendo éxito, consiguiendo ser hoy por hoy una de las festividades más importantes del otoño, tanto para niños como para adultos.

Para buscar su origen debemos remontarnos a las brumas de la ancestral Irlanda. Los monjes Druidas celebraban el 31 de Octubre, el Samhain una ceremonia para honrar al Dios Sol y al mismísimo Samhain ó Señor de los Muertos. Esa noche había que ofrecer sacrificios incluso humanos y ofrendas para satisfacer sus iras.

Este a cambio, permitiría que las almas de los muertos, durante esa noche pudieran volver a caminar entre los vivos y así la gente volvía a tener contacto con sus difuntos antepasados. Para que estos espíritus estuviesen contentos y no se transformasen en malos, se les dejaba comida fuera de la casa a modo de bienvenida, asimismo se encendían velas en las ventanas, para que pudieran encontrar cada uno su casa. La noche de Halloween, los difuntos vagaban en procesión, buscando sus hogares. Si algo no estaba en orden y los espíritus se sentían perturbados, sometían a la gente durante la noche a terribles pesadillas.

Halloween, deriva de “All Hallows Eve” ó Noche de Todos los Santos.

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Los monjes Católicos al instalarse en Irlanda, sintieron una fuerte empatía por sus homólogos Druidas que pasaron a ser y formar parte relevante en los Monasterios Católicos. Fue el Papa Gregorio el Grande , decidió sincretizar la celebración Druida al calendario Católico proclamando que ya no se ofrendasen más sacrificios a Dioses paganos, pero que si se podían sacrificar animales para conseguir alimento y alabar la Gloria de Dios. El Papa Gregorio III (731-741) fue quien dictaminó la fecha del 1 de Noviembre como Día de Todos los Santos.
A mediados del siglo XIX, una tremenda tragedia asola a la Vieja Irlanda, un hongo destruye la totalidad de la cosecha de patatas, alimento básico para la población del país. La consecuencia fue lo que se conoció como La Gran Hambruna. La falta de alimento, causó en el país la muerte de casi dos millones de personas. Otras tantas buscaban en los puertos una salida a una muerte casi segura, y así los llamados Barcos de la Muerte cruzaron el Atlántico con ingentes cantidades de emigrantes Irlandeses rumbo al Continente Américano. Con ellos llegó a los Estados Unidos, el Halloween.

Al principio la autoridades no vieron con mucho agrado esta celebración pagana, que se siguió celebrando a niveles particulares. Fue a principios del siglo XX, que la celebración pasa a generalizarse y pasa a transformándose en una de las señas de identidad Norteamericana.
Las famosas calabazas de Halloween, derivan de una vieja leyenda que habla de Jack El Tacaño, un granjero que engañaba a todo el mundo y tenía tan mala reputación que hasta había engañado al mismísimo Satanás. Este lo condenó a caminar eternamente en la oscuridad y en ese momento como Jack iba comiendo un nabo, lo ahuecó y puso dentro un carbón encendido para que no se le apagara con el viento y poder alumbrarse el camino eternamente. Esta tradición de ahuecar nabos y poner fuego dentro para iluminar y dar la bienvenida a los seres queridos, en irlanda se llama Jack O´Lantern. En Estados Unidos, cambiaron los nabos por las abundantes calabazas que eran más grandes y fáciles de ahuecar.
Hollywood, fué la gran difusora del Halloween a través de sus películas. Tanto el miedo como el terror, han sido desde siempre productos tremendamente rentables. Hoy día el Halloween es sin duda una Gran Fiesta y sobre todo un Gran Negocio, en los Estados Unidos y en España también.