Chopin, el esplendor del romanticismo

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Por Maria Teresa Rivera

 

“Si alguien amó a su patria, la cantó y enalteció con su obra, ese fue Federico Chopin. La vida y obra del músico romántico son inseparables de la vida, peripecias y glorias del pueblo polaco”.

Así arranca la monumental obra “Chopin, el esplendor del Romanticismo” del escritor boliviano Jorge Catalano, (en 1928 y fallecido en 1987) que consta de tres tomos con un total de 1627 páginas de la más minuciosa y exhaustiva investigación sobre la vida y la obra compositiva del gran músico polaco.

Este año que termina, marcó el bicentenario del nacimiento de Chopin, y el mundo se volcó en homenajes al músico poeta que dejara un legado imperecedero, dedicándole conciertos, recitales, grabaciones discográficas, seminarios, conferencias, con la participación de orquestas, solistas y artistas de todas las modalidades.

Bolivia no estuvo ausente de estos homenajes, y quizá el mayor tributo a Federico Chopin, desde la perspectiva de nuestro país, sea “Chopin, el esplendor del Romanticismo”, edición que data de 1985 y sobre la que el musicólogo y crítico catalán Manuel Valls dice en su prólogo dice: “es una obra de rigurosa fidelidad histórica, señalando en cada momento el ambiente espiritual y de orden político que la acompañaron”, calificándola de “documental literario de extraordinario interés histórico”

Mucho habría que comentar sobre el autor, Jorge Catalano, escritor, poeta y crítico musical, pero en pocas líneas podíamos decir que era dueño de una librería en El Prado, en La Paz, un lugar donde se reunían escritores y poetas y una juventud estudiosa, ávida de buenos libros, a la que el atraía con su guía y su enorme conocimiento de autores tanto nacionales como internacionales.

Jorge conoció a Chopin desde niño, a través de su música, cuando escuchaba a su madre interpretar al piano, valses, mazurcas, polonesas y un amplio repertorio chopiniano. Dedicó toda su vida a seguir su huella, cada vez mas inmerso en su afán de lograr una biografía, lo más completa y perfecta posible, ahondando, investigando, escudriñando, llegando incluso a visitar todos los lugares por donde Chopin pasó y donde estuvo, comenzando, por supuesto, por Zewazowa Wola, lugar de su nacimiento.

Las primeras páginas del primer tomo están dedicadas a un análisis histórico y político de Polonia, de un cuarto de siglo antes del nacimiento del compositor, luego relata su infancia, sus primeros maestros: Zywny, de piano y Elsner, de composición, su primer amor, Constanza Gladkowska, después, Varsovia, Berlín, donde conoció a Arnold y a Medelssohn, su paso por Praga; su encuentro con otro gran maestro, Hummel; sus conciertos en Viena, su editor Haslinger en la capital Austriaca donde conoció a tantos músicos e intelectuales de la época. Su regreso a Varsovia y a Zewazowa Wola; y su rompimiento con Maria Wodzinska.

(Una curiosidad por la coincidencia de apellidos y la devoción por Chopin: El gran cantante italiano Catalani, escuchó a Federico Chopin tocar el piano cuando éste tenía diez años, y le regaló un hermoso reloj de recuerdo).

El tomo segundo sigue la huella de Chopin por los castillos de Escocia, luego Paris, donde se encontró con Liszt, Field, Paganini, Bellini; su viaje a Mallorca con George Sand, deteniéndose en cartas, y escritos que dan fe de su personalidad y sus relaciones tanto de amistad como afectivas, haciendo a la vez un seguimiento de sus composiciones, con prolijidad en los detalles de cuándo y en qué circunstancias surgieron.

El tercer tomo, “Del silencio de la música a la chispa de la gloria”, abarca su última etapa en Paris, cuando ya irremediablemente enfermo, se ve rodeado de cuidados y del afecto de los amigos y de su hermana Luisa que acudió a su lado. Habla de los médicos que no le aliviaban, y de su entrañable amigo el pintor Delacroix que le acompañó hasta su triste final, el 17 de Octubre de 1849.

Hay notas aclaratorias y de referencia a continuación de cada capítulo y el Índice de Personalia es extenso y muy detallado. Igualmente impresionante es la bibliografía de casi un centenar de obras consultadas.

“Chopin, el esplendor del Romanticismo”, es pues una verdadera joya que merece ser ampliamente conocida, tanto dentro como fuera de Bolivia.

En 1986 pude entrevistar a Jorge Catalano cuando regresando de Varsovia, camino a La Paz, pasó por Madrid. El se sentía muy satisfecho por la aceptación de su obra en Polonia. El mismo Gral. Jaruselsky, entonces Presidente de Polonia, lo había recibido expresándole su agradecimiento personal y un reconocimiento público, y su obra fue traducida al polaco. Jorge conoció la felicidad del triunfo y sobre todo la satisfacción de ver su obra terminada, y editada –aunque hubiera sido con sus propios medios y por su propio esfuerzo.

Los años en que Jorge Catalano vivió en una especie de encierro y reclusión en beneficio del proyecto que marcó toda su vida, le llevaron a aislarse incluso de su propia familia. De ahí su sentida dedicatoria a su esposa e hijos que es un reconocimiento y casi una disculpa:

“nadie mejor que tú, amada familia, para comprender mi silencio y el fruto de ese silencio”.

“Alcanzar la meta y morir”, fue una realidad para Jorge Catalano cuyo corazón no resistió mucho mas allá de su regreso de Polonia.

(Los tres tomos de “Chopin, el esplendor del Romanticismo” pueden adquirirse en Escaparate Cultural).
escaparate@boliviacultural.com

Mario Vargas-Llosa Premio Nobel de Literatura 2010

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Por Maria Teresa Rivera

 

Madrid lo recibió con los brazos abiertos y con todos los honores. De manos del Alcalde, Alberto Ruiz Gallardón recibió el nombramiento de Hijo Adoptivo de la ciudad. Dio el saque de honor en el partido de fútbol Real Madrid-Valencia en el Estadio Bernabeu de la capital, y todos estos días, la prensa oral y escrita se ha ocupado de la trayectoria, vida y obra de Mario Vargas Llosa, Premio Nóbel de Literatura 2010.

El amor de España es recíproco, porque el escritor en su discurso en la Academia
sueca, declara que su amor por este país es tan grande como el que siente por su Perú natal. Es en España donde vivió y estudio y donde se han publicado todos sus libros. Fue en Madrid donde escribió “La ciudad y los perros” y donde terminó de escribir su más reciente novela “El sueño del Celta”. Si no fuera por España –dijo- no estaría en este podio.

“Luz literaria”, le llama, el japonés Kenzaburo Oé, otro Premio Nóbel de Literatura, destacando en un artículo, no solo su fuerza creadora, sino también su poderoso magisterio de ensayista. Es, dice, “maestro de la literatura mundial y guía para todos los aspirantes a escribir novelas”.

Fotografiado dando un beso a su nieto o posando en Estocolmo, con la familia en pleno es la imagen del hombre de familia, de la persona llena de humanidad, sensibilidad y ternura, perfiles que salieron a relucir en su discurso en la Academia, calificado como un discurso grandioso y perfecto. “Fue el primer Nóbel que llora en la ceremonia” dice el comentario periodístico, pero también, el primero que hizo llorar de emoción al auditorio, -donde se encontraba su editora, Carmen Balcells, una de las más emocionadas- justamente porque sus palabras fueron un retrato de su vida y de su alma, una exposición sincera, abierta, directa, clara y amena como lo es su escritura.

Su amor por Perú es enorme. Pasó varios años de su niñez y adolescencia en Lima. En cambio Arequipa, su ciudad natal, dice solo haberla conocido a través de los relatos y recuerdos de su madre, abuelos y tíos.

“Lo más maravilloso que le sucedió en la vida” fue aprender a leer en la clase de su primer maestro, el padre Justiniano, en el Colegio La Salle de Cochabamba, Bolivia.
La lectura, para el, convertiría “el sueño en vida y la vida en sueño”.

Y es que el flamante Nóbel de Literatura tiene un especial cariño por Bolivia y en particular por Cochabamba, donde estudió varios años de su etapa elemental teniendo reminiscencias de su primera infancia en aquella casona familiar de tres patios. Tuvo palabras de cariño y singular alabanza por su esposa Patricia, oriunda de esa ciudad boliviana.

De Cochabamba también fue su primera esposa, Julia.

No era el momento ni el lugar para hablar de ella,, pero Julia fue la Musa que le inspiró y le acompañó durante sus años de formación, incluso en la etapa Parisina cuando conoció a muchos grandes de la literatura y donde comenzó a despuntar como el joven y prometedor escritor.

A ella dedicó Mario su novela “La tía Julia y el escribidor”, especie de autobiografía de aquellos años en Lima, cuando todavía un adolescente de18 años, conoció a Julia Urquidi, 14 años mayor que el y hermana de la esposa de un tío carnal, con la que luego casó. La pareja no tuvo descendencia pero Julia, en esa etapa tan importante de su vida, de crecimiento y formación, fue su apoyó, ayuda y compañía.

La dedicatoria de su novela “La tía Julia y el escribidor” hace honor a esta relación:

“A Julia Urquidi Illanes, a quien tanto debemos yo y esta novela”

Seguramente el resentimiento de una ruptura y consiguiente divorcio, llevó a Julia (fallecida hace unos años) a escribir recuerdos de aquellos años juntos en el libro “Lo que Varguitas no dijo” – publicado en Bolivia-. Este libro que trata más bien de aspectos muy personales, de minucias de su vida cotidiana, no tuvo mayor trascendencia, y uno se queda más bien con la imagen de Julia, mujer atractiva, valiente y emprendedora, retratada en la famosa novela del escritor.

Duro en su crítica de las dictaduras, “que deben ser combatidas”, y de las democracias “populistas y payasas” de algunos países en Sudamérica, ensalzó a las democracias que respetan la legalidad, la libertad de crítica, las elecciones y la renovación en el poder”.

“ Flaubert me enseñó que el talento es una disciplina tenaz y una larga paciencia, y Faulkner, que es la forma –la escritura y la estructura- lo que engrandece o empobrece los temas”,dijo, y es digno de destacar su alegato de que “un mundo sin literatura, sería un mundo sin deseos ni ideales”, y que “tenemos que seguir soñando, leyendo y escribiendo, que es la más eficaz manera de derrotar a la carcoma del tiempo y de convertir en posible lo imposible.”